El comienzo del final
Todo parecía marchar sobre rieles. Sin embargo, la Primera Guerra Mundial paralizó los negocios de la empresa Walker y muchos trabajadores emigraron buscando mejor destino. El desastre total llegaría en la década del 50, cuando el gobierno argentino puso severas trabas para que ingresaran cargamentos de piedra y arena de Uruguay. Los ingleses entendieron que su etapa estaba concluida. Vendieron las tierras, incluyendo la plaza pública del pueblo, a los estancieros Capandeguy y Urrutia. Muchos pobladores se fueron, faltos de expectativas. Otros compraron sus viviendas a cierta distancia y dieron forma a otro caserío, que con el tiempo se llamaría Pueblo Gil (en recuerdo del empresario Hill). Conchillas ha guardado celosamente su historia. La realidad le ha ido mostrando cómo sus jóvenes parten masivamente buscando trabajo. Ahora todas las miradas vuelven sobre Conchillas, que hoy, como en el siglo XIX, también busca resurgir de las cenizas.
Compartí tu opinión con toda la comunidad