Violencia
Che convocó Epifanio, mientras leía, como siempre, LA REPÚBLICA, ¿vieron que van a formar consejos permanentes para la no violencia?
Sí se apuntó el Facha Ruiz, es una propuesta de una organización no gubernamental llamada «Diálogo»…
¿Y ‘onde juega ésa? preguntó Ruedita, atorado por una longaniza.
¡Juega en la gran vulva de tu santa progenitora, pajero! gritó el Chiquito Otegui, a quien se le había acabado la paciencia junto con el vino del botellón de plástico.
Se’gual… contestó Ruedita, que creyó haber recibido afecto.
No sé si da pa’ tanto eso de la violencia… dudó el Negro Collazo, mientras revolvía los mocos en su nariz llena de puntos negros.
¡Ustedes no entienden nada! Epifanio se levantó y empezó a gesticular. Vos, Negro, sos un ejemplo… En el truco te mata la ansiedad, siempre querés echar la falta o el resto, te clavan de cabeza y te calentás…
Pero se me pasa enseguida… respondió Collazo, extrayendo el primer moco y estampándolo debajo de la mesa.
¡Sí, después que rompiste todo, anormal! refutó el Chiquito, que tenía anotado cada destrozo en la libreta de los fiados.
Ah… e’ cosa ‘e ansiedá… dijo Ruedita, como si hubiese descubierto que dos y dos son cuatro. ¿Y qué hacemo’, chochamu?
Bueno Epifanio volvió a sentarse, por las hemorroides. Yo creo que acá se debería hacer la que hacían los griegos. Como la violencia es multicausal…
¿…e’ un supermercao? Ruedita volvió a pifiar.
No, tarado, correte el coágulo saltó el Chiquito. Quiere decir que tiene muchas causas…
Por eso los griegos atacaban la ansiedad, que para ellos era el centro de todo añadió Epifanio, y organizaban orgías y se chupaba a lo bobo. Después, la gente, cansada, se tranquilizaba sola.
¡Pero ‘tonce ya’stá! aulló Ruedita, rajando para el mostrador, enloquecido.
Logró que hubiese un grito general: ¡¿Qué decís!?
¡Clavao! Ruedita ya estaba prendido de una caña con aceitunas negras. ¡Si acá somo’ todo’ griego’, somo’!
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