Un francés en Mercedes. Ha recorrido el mundo para mostrar su arte

Castillos en la arena:cuando el arte es efímero

Hace 25 años que recorre el mundo construyendo figuras en arena. Ha realizado sus esculturas en playas de los cinco continentes, pero dice: «Donde la gente me respondió mejor fue en Montevideo, en Pocitos».

Michael Meskert es un escultor francés y estuvo realizando y exponiendo sus creaciones en arena en Mercedes. Ingeniero civil de profesión, en diálogo con LA REPUBLICA se refirió a su arte.

 

–¿Cómo surge su relación con la arena y con la escultura?

–Por casualidad. Un día dejé el trabajo, todo, y me fui a recorrer el sur de Francia. Después, como no tenía más dinero, buscaba algo para viajar, que no necesitara patrón, y me di cuenta de que podía hacer cosas con arena: al inicio castillos, después figuras.

 

–¿Previamente había estudiado Bellas Artes, o algo similar?

–No. Yo nunca miré ninguna escultura, nunca miré una pintura. Nunca fui a un museo. Después sí. Yo estaba siempre para mi trabajo y mis estudios.

 

–¿Hay otras personas que se dedican a esta actividad?

–Sí, ahora hay muchos. Cuando empecé, había muy pocos. Hoy conozco más o menos 200 o 300. Hay un norteamericano y un canadiense que compiten por la escultura más grande del mundo para entrar en el Libro Guinness.

 

–¿Son todos autodidactas o hay alguna escuela donde aprender?

–No son todos autodidactas. Se puede enseñar, pero para eso tienen que estar todo el día con nosotros. No es venir a hacer un castillo. Hay técnicas para tratar la arena y pintarla. Eso se aprende, pero hacer la escultura en sí uno lo tiene o no lo tiene.

 

–¿No da un poco de pena que lo que construye se destruya en días u horas?

–Sí, se pierde. Es como la vida, como nosotros. Pero, por ejemplo, yo he hecho «La última cena» como 200 o 300 veces. Si se cae, mañana puedo hacerla otra vez. Nunca se pierde totalmente.

 

–¿No dificulta trabajar en medio de la gente?

–No, al contrario. Además, generalmente son siempre las mismas preguntas. Unos vienen con la religión, los otros con el trabajo. Al final en todos los países es la misma cosa. Me di cuenta de que no hay ningún lugar del mundo que sea diferente del otro. Alguno tiene más sol, u otro idioma, pero al final son todos parecidos. Aquí estamos en Mercedes, pero es muy parecido al pueblo donde vive mi padre en Francia, en la frontera con Luxemburgo. La gente es la misma. Muchos se equivocan pensando que allá (en Europa) es mejor. yo también pensaba eso antes. Pero hoy no. Los pueblos son los mismos.

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