¿Es así, nomás?
-¡Che, Chiquito! ¿Pa` cuándo la vuelta? ladró el Negro Collazo.
-No me rompas las bolas dijo el patrón, con delicadeza renacentista, y siguió leyendo LA REPUBLICA. Acá hay un problema grande. Dice Jauri que los bancos están dando muchos créditos a las familias y que, a largo plazo, las tasas reales serán imposibles de pagar.
-¿Y quién e’ el coso ese? preguntó Ruedita.
-Un tipo que la sabe lunga respondió Epifanio, a quien se le estaban rajando los labios porque eran las ocho y media de la mañana y no había tomado la primera grapa con aloe vera.
-Yo no leo, miro lo’ dibujito’ cortó Ruedita-, y ademá no tengo taza. Yo uso la latita’ d’arveja…
-Arveja sos vos, burro mal terminado se calentó el Chiquito, que tiró el diario y se puso a llenar las copas, mientras al Negro, de la alegría, se le llenaban los ojos de lágrimas. -¡Tasas de interés por los préstamos! ¿Cazás?
-Se’gual…
-¡Se’gual las pelotas! gritó Epifanio, ya con la boca húmeda de la grapa salvadora. El problema, si todo eso es cierto, lo va a tener la gente dentro de unos años.
-Ahí está asintió el Chiquito, chupando un vino ácido de la casa-, después unos cuantos van a patalear: «¡Ah, yo no sabía que debía tanto…!».
-Claro, por la indexación se lució el Facha Ruiz, sacándose cerilla negra de los oídos con la uña larga del meñique.
-¡A mí no me van a meté ninguna vacuna! Ruedita tiró el vaso de caña y enseguida, al ver la macana, se puso a lamer la mesa para no perder ni una gota.
-¡Con esta bestia no se puede! aulló el Chiquito. -¡No es una vacuna, es cómo puede crecer la deuda inicial!
-¿Va’ habe’ bolonqui, decí…? Ruedita, resecada la mesa, volvió al debate.
-Y, sí… admitió el Facha.
-‘Tonce… ¡que l’abaraje el que venga! sentenció Ruedita.
-¡Pero va a seguir el mismo gobierno! dijo Epifanio, militante.
Ruedita enmudeció, apuró otro buche de caña e hizo estallar su rabiosa confusión:
-¡¿Siempre me la tené que hacé difícil a mí, hijo e’ puta…¡?
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