NOS HABIAMOS AMADO TANTO

A muchísimos compañeros, el acto del 37 aniversario del Frente Amplio nos hizo recorrer nuestras vidas, nuestras luchas, ilusiones y desencantos. Tal como se expresa en la emblemática película el director de cine Ettore Scola -que sirve de título a esta nota- cuando dio cuenta de cómo el mundo de sueños de tres partisanos es afectado por el convulsivo cambio de épocas. A través de una historia entrañable se describe el tránsito del aprendizaje, los ideales y la madurez de estos hombres que la vida va poniendo a prueba.

Cada personaje representa un segmento de la sociedad: Gianni, el profesional, pujante y arribista; Antonio, el trabajador que pasa de un empleo a otro; Nicola, el intelectual fiel a las causas e ideales, inconforme y disgustado.

El fin de la guerra y la crisis de la reconstrucción son testigos de la ilusionada juventud de los personajes quienes se las arreglan para mantener sus sueños en alto. La vida, en dura batalla, cuestiona las ilusiones de sus ya maduros héroes que postergan o abandonan sus ideales. Nicola sigue fiel a sus principios a costa de grandes decepciones; Antonio, continúa siendo sencillo y soñador; Gianni, en cambio, se ha convertido en la representación misma del arrollador poder capitalista tan ajeno a sus días de partisano. El acto del Frente Amplio -al igual que la película- deja el sabor agridulce que provocan los reencuentros y las despedidas.

Uno. El general Líber Seregni decía el 26 de marzo de 1971: «En los últimos 25 años pueden distinguirse dos etapas diferenciadas, dos políticas económicas distintas. La primera, que comienza al término de la segunda guerra mundial y se clausura en el año 1958 corresponde al esfuerzo por industrializar el país. La segunda que va desde el año 1958 al año 1964 parece animada por el intento de fortificar nuestra agropecuaria. Estos dos enfoques, sucesivos y distintos, terminaron los dos en callejones sin salida…

¿Por qué no tuvieron salida? ¿Por qué se frustraron? En última instancia la contestación es muy sencilla: las dos vías tomadas no enfrentaron el obstáculo decisivo para el desarrollo nacional, y ese obstáculo es la oligarquía, es decir, la trenza bancaria terrateniente y de intermediación exportadora, el grupo social que domina y acapara la tierra, el crédito, los canales de comercialización de nuestros productos. Sus centros de poder siguieron intactos, determinando nuestra economía, estrangulando al país, beneficiándose de las energías de nuestro pueblo y desviando el esfuerzo nacional.

Porque está claro, los grupos dominantes están ligados a poderosos intereses extranjeros, son la expresión interna de nuestra dependencia de las grandes potencias capitalistas, de esas potencias que nos fijan precios, que nos imponen términos de intercambio adversos. Así en los últimos años se agudizó el endeudamiento externo y las ataduras al Fondo Monetario Internacional. (…) La disyuntiva de hoy es muy clara: o la oligarquía liquida al pueblo oriental o el pueblo oriental termina con la oligarquía».

El Frente Amplio, heredero del Congreso del Pueblo y de la unidad sindical en la CNT, expresaba la histórica lucha de los débiles contra los poderosos, que en distintas formas da la misma lección: la liberación supone romper la estructura de dominación. En la declaración constitutiva del FA se sostiene que: «La ruptura con este sistema es una condición ineludible de un proceso de cambio de sus caducas estructuras y de conquista de la efectiva independencia de la nación».

Dos. Con mucho menos público que hace 37 años se desarrollo un acto de masas que tuvo ocho oradores, la mayoría de los cuales estuvo más que lejos de la calidad de aquel discurso memorable de 1971. Entonces, el objetivo era conducir a los orientales a superar las principales contradicciones del Uruguay; hoy, se los invita a participar con su voto, pues existe el riesgo de perder las elecciones ante una alianza electoral de los partidos tradicionales.

«Tenemos que querernos entre nosotros sentir un profundo cariño, estar más unidos hoy, que estamos en el gobierno, más que nunca. Necesitamos la alegría de sentirnos frenteamplistas porque es un privilegio», dijo el ministro de Economía, Danilo Astori, en una sorprendente oratoria, tan lejana del riguroso discurso de Líber Seregni.

Alarma que la dirección del FA no perciba que no es posible realizar una síntesis capaz de unificar y convocar, cuando la mayoría de las medidas económicas que se han adoptado son antagónicas con el ideario de la fuerza política, a la que este gobierno debería responder.

¿Acaso se encontraba en el programa aplicar un modelo económico continuista que profundiza la apertura de la economía al capital extranjero, que bien paga la deuda externa y mal paga la deuda social, que implanta un impuesto a la renta «dual» que castiga a trabajadores y pasivos y beneficia al capital?

¿Es posible definirse revolucionario cuando se impulsa la firma de un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, cuando se reciben elogios y apoyos del Departamento de Estado y el Fondo Monetario Internacional, cuando se ha sido cuestionado múltiples veces por los trabajadores organizados y los cooperativistas?

¿Alguien piensa que el decreto del poder ejecutivo, firmado el 25 de marzo, arrebatando a los trabajadores de los entes derechos adquiridos en décadas de lucha, no tiene incidencia en la base social del Frente Amplio y en sus posibilidades electorales?

El ministro de Economía apeló a la emoción y al sentimiento frenteamplista, y reclamó «más afecto», «cariño» y menos «fisuras». Nada de eso será posible sin una profunda autocrítica seguida de una rectificación inmediata: su modelo económico profundiza la dependencia y la vulnerabilidad del país y opera contra la continuidad del Frente Amplio en el gobierno. La reforma tributaria, por ejemplo, ha tenido un impacto altamente negativo, agravado con declaraciones del equipo económico que lastiman la credibilidad de nuestra fuerza política.

Tres. El proyecto histórico por el cual tantos hombres y mujeres han luchado a lo largo de décadas exige un cambio, una nueva orientación basada en los principios y valores fundacionales del FA.

Eso debe expresarse en la defensa del patrimonio nacional ante la extranjerización de nuestros recursos y la privatización de empresas públicas, la atención prioritaria a la deuda social, el cumplimiento de los compromisos adquiridos con la educación, la creación de canales efectivos de participación en la toma de decisiones, la democratización del proceso de transformación del Estado, la aplicación de impuestos progresivos al gran capital y la redistribución del ingreso a favor de los trabajadores.

Hay mucho por hacer y aún quedan dos años para avanzar hacia el país productivo, con justicia social y profundización democrática. Como dijo Seregni en el 71: «El Frente Amplio no es una ocurrencia de dirigentes políticos… tampoco es una resolución circunstancial de partidos o grupos, por el contrario, ellos han interpretado una exigencia que estaba en la calle; han dado forma y cuerpo a un sentimiento y a una urgencia de todo nuestro pueblo». De eso se trata compañeros.

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