Carmelo, de bote a bote

. Como en los viejos tiempos de bonanza, Carmelo volvió a ser una ciudad prácticamente invadida por los nautas argentinos. Más de 300 embarcaciones -pequeñas y costosos yates- colmaban desde el jueves el arroyo de las Vacas, formando una columna.

Este año, además, se incorporó una novedad: muchísimos argentinos, sobre todo jóvenes, cruzaron a través de la línea Carmelo-Tigre munidos de carpas y todo lo necesario para acampar. «Venimos a ver un poco de verde y silencio, y a disfrutar del paisaje para cargar pilas», contaban ayer a LA REPUBLICA Adriana y Fernando, una pareja de 22 años de capital Federal.

Algo parecido pasa con la Dársena de Higueritas en Nueva Palmira, la desembocadura del arroyo Cufré en Bocas del Rosario y la misma ciudad de Colonia, cuyo puerto deportivo pudo verse atestado de embarcaciones.
La ciudad comenzó a explotar el jueves, cuando después del mediodía grandes embarcaciones que habitualmente se ven en los puertos del este durante el verano, y otras más pequeñas, comenzaron a llegar al atracadero del arroyo de las Vacas. Tanto argentinos como uruguayos coparon ese día la capacidad hotelera de la ciudad.
Una recorrida por las zonas de camping permitió además detectar un buen movimiento de turismo interno: muchos vehículos con chapas de diferentes lugares del país llegaban ayer y estacionaban en el amplio verde que se extiende a los pies de la playa Seré, mientras vendedores de alimentos, verduras y frutas, artesanías y prendas de vestir comenzaban a desplegar sus puestos para tentar a los recién llegados.

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