"El Prado es el Coliseo de las jineteadas, toda una pasión"
Wilson Leal es un experto en eventos que tengan a jinetes y caballos como protagonistas. Como todos los años, se ha instalado en la Semana Criolla del Prado. En diálogo con LA REPUBLICA, confesó sus experiencias y anécdotas en los ruedos del país y la región.
Buen mercado
Wilson, ¿cómo te involucraste en esto de las jineteadas?
Fue algo que me gustó desde que soy fotógrafo. Hacía jineteadas, aunque siempre dejaba y me dedicaba a otro tipo de actividad. Pero últimamente, como esto ha crecido mucho y se hacen fiestas criollas muy grandes en diferentes lugares, me pareció que era un buen mercado para trabajarlo con ganas. No es que diga que esto deja mucho dinero. Eso no ocurre, porque uno tiene que viajar mucho, pero no descubro nada si te digo que te da para ir llevando tranquilo la vida.
Para mí hacer fotos de jineteadas es una pasión, y ahora, haciendo los DVD, es mucho mejor, porque me gusta más armar las películas. Al hombre de campo le gusta mucho que le presentes un buen trabajo, sino, no tenés retorno. Si hacés un buen trabajo, y lo presentás profesionalmente, tenés éxito. Si no hacés las cosas bien, lamentablemente te quedás en el camino.
Supongo que conocerás jinetes de distinto nivel social. Acá, por ejemplo, hay profesionales jineteando junto a peones de campo.
Hay jinetes que son de muy bajos recursos. Y hay jinetes que tienen una profesión: algunos son médicos, otros veterinarios. Algunos de ellos vienen de muy buena familia, pero les gusta jinetear. Tenemos jinetes muy famosos, como Danilo González, que lamentablemente está retirado por un problema que tuvo en Colón y seguramente no jinetee más, y tenemos muchos jinetes que ya no están y que son historia. Yo, con mi revista, los voy a ir sacando a luz para que la gente los conozca. Pero el nivel es muy bueno en todo el país.
Seguramente es distinto el ánimo de aquel jinete peón de campo, de bajos recursos, cuando recibe un galardón, en comparación con el que es un profesional de la medicina.
Hay jinetes que viven de las jineteadas: domingo a domingo los encontrás en un campo, esperando ganar premios. Andan atrás de las motos que dan como premio. En Minas dieron una camioneta: fue un hecho novedoso, y la ganó un jinete de bajos recursos. Pero hay jinetes que no tienen necesidad de un premio: para ellos, sólo el hecho de ganar un trofeo ya es bastante.
FIESTAS CRIOLLAS
¿Cómo es tu agenda de trabajo anual?¿Vas por diferentes escenarios?
He recorrido campos de jineteadas, como Santa Catarina, en Brasil, y rodeos como Los Praianos, con un promedio de 40.000 a 50.000 personas por día. Hemos andado en la provincia de Buenos Aires, Pérez Millán, Jesús María, Diamante, Mojón del Sur. Pero últimamente no he ido mucho por Argentina porque lamentablemente el peso de ellos está muy bajo y a nosotros nos da pérdidas. En este momento no es un buen mercado.
Brasil, sí: cada 30 días hacemos una fiesta allá, como Piñeiro Machado, la Fiesta del Vino y la Fiesta del Arroz. En Uruguay recorremos todo. En esta profesión he recorrido pueblos que ni sabía que existían, que tienen una población de 600 o 700 habitantes. Allí hacen jineteadas donde van unas 4.000 personas.
Las fiestas criollas han crecido en todo el país y se mueve mucho dinero.
Sí, últimamente mueven mucho dinero. Pero hay un problema: hay gente que piensa que hacer una fiesta criolla es fácil, y en cambio trae aparejados muchos gastos. La gente que la hace es aquella que puede mantenerla. Hay que tener en cuenta que hay que pagar tropillas, el local si no es tuyo, los jinetes. Hay que darles viático, alimentación, estadía. Todo esto ha traído aparejado que mucha gente haya hecho una fiesta criolla una sola vez, porque han quedado endeudados.
Desde mi punto de vista las fiestas que van a quedar en Uruguay son las grandes, como el Prado que es el Coliseo de las jineteadas, toda una pasión, la Patria Gaucha, el Festival de Durazno y otras, como Valentín Aparcero, Palmitas y Vichadero.
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