Tentaciones
Doña Rosa se mete en la cocina y le habla al mozo, precipitada: ¿Cuántas onzas echaste?
Dos, señora.
¿Lo ves? ¡Así no hay quien pueda! ¡Y después, que si bases de trabajo y que si la Virgen! ¿No te dije que no echases más de onza y media? Con vosotros no vale hablar español, no os da la gana de entender.
Este diálogo, parte de una novela harto citada por mí, viene de perillas para describir, con humor, que siempre aclara las ideas, la situación que puede vivir el Ministerio de Economía cuando el proyecto de Rendición de Cuentas llegue al Parlamento, por más negociaciones previas que haya habido.
Es que esta Rendición es la última del actual período y el gobierno está obligado a la sensatez para que las cuentas le sigan cerrando, más ahora, en un contexto internacional menos favorable y con riesgos inflacionarios. No hay otra que poner cara de póquer, que a Astori le cuesta poco, y vencer la tentación de abrir la canilla ante la catarata de reclamos que se viene.
Pero ¿por qué a Economía habría de pasarle lo que a doña Rosa, si hace semanas que discute el proyecto con la bancada de la mayoría? En realidad, la respuesta está en lo que algunos llaman «la casuística»: no recuerdo presentaciones de presupuesto de este tipo, con idénticos antecedentes de coordinación parlamentaria, que hayan evitado el toqueteo, especialmente en la Cámara baja, y el acrecentamiento «de las onzas que se había quedado en echar»; es que los diputados suelen ser los samurai de la defensa de los compromisos asumidos y los más minuciosos hurgadores de recursos entre el fárrago de cantidades que, en tales casos, les caen encima y con apremio.
Y, sí, habrá una brecha entre los pedidos y los recursos a disposición. El acuerdo no será sencillo; puede picarle a varios otra tentación: el que viene será año electoral.
Nunca más necesario el cuidado. Salvo que, entre tanto inciso, números y apuro, haya quien encuentre que se erró algún bizcochazo.
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