Cosas raras
¿Qué es una cosa rara? Si uno habla de política, hay a la mano un ejemplo fácil de entender.
Por un lado, ha ocurrido un fenómeno al que quizá no se le ha dado la importancia merecida: la unanimidad en torno a la reforma tributaria. Todos, incluido el ministro de Economía, están de acuerdo en subir el monto no imponible del IRPF. Pocas veces, si es que las hubo en la historia política nacional, los contribuyentes han estado de cara a una situación tan estimulante. Pero al mismo tiempo, en el propio centro del oficialismo, aumentan las taquicardias. Es que Astori, al revés de lo que piensa la mayoría de los sectores del Frente, e incluso contra la expectativa de muchos contribuyentes, alentada desde el propio gobierno, se negó a que esa modificación rigiera antes del 1º de enero de 2009, año electoral. Quienes lo contradicen confiaban en que los cambios se hicieran a mediados de este año.
Por otro lado, Astori ha reforzado su chance de ser el candidato presidencial de la izquierda. Ya en conversaciones públicas, ya en charlas privadas, son pocos los que lo niegan.
Entonces digo, inundado de un desconcierto incómodo: ¿No es una cosa rara que el Partido Comunista, la Vertiente Artiguista y el Partido Socialista, entre otros sectores fuertes de la izquierda, terminen haciendo una fila de entusiastas adherentes detrás de un candidato al que, al menos ahora, le están dando como a una piñata?
Tengo la también incómoda sensación de que Astori ha tensado demasiado la cuerda que todavía sostiene.
Ahora bien, ¡me libere monseñor Cotugno de aconsejar a nadie! Por eso me remito a una simple observación de la realidad: ¿No le convendrá al canoso ministro aflojar un poquito, siendo que han vuelto a agitarse a su alrededor unas sombras a las que algunos llaman y no son los únicos nombres Carámbula, Gonzalo Fernández, Martínez, Daisy Tourné?
Para señalar el futuro no hay que mirarse el dedo. Lo dijo Fontanarrosa, un sabio.
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