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Ante su ausencia es cubierto por Constanza Moreira como homenaje a su memoria y aporte al colectivo.

El jueves 31 de enero tuvo lugar una gran concentración en el Zócalo, la inmensa plaza central de ciudad de México, donde miles de campesinos concurrieron a pedir la revisión del TLCAN, el Tratado de Libre Comercio con América del Norte, que liberaliza la comercialización de productos agrícolas entre los tres países que lo componen. La marcha resaltó que se estaba hablando del empleo y sustento de millones de mexicanos y de la autosuficiencia alimentaria del país. El aumento en las importaciones de maíz, el producto base de la infraestructura (y cultura) alimentaria del país, muestra los resultados de catorce años de TLC con Estados Unidos. México pasó de ser un país autosuficiente en la producción de maíz a ser un país que compra el grano al extranjero. Sin una renegociación del TLC, sostienen las organizaciones campesinas, el campo mexicano se va a ir a la ruina. Según una encuesta realizada el 2 de febrero en todo el país, el TLC resulta perjudicial para el 43% de los mexicanos entrevistados.

El Frente Nacional de Legisladores del Sector Rural envió una carta al presidente Felipe Calderón para exhortarlo a que se comunique con sus contrapartes del TLC de América del Norte y les manifieste la voluntad de los productores del campo mexicano de revisar el capítulo agropecuario del acuerdo. El presidente de este Frente, Heladio Ramírez, sostuvo que el TLC puede ser jurídicamente reformulado. Para ello, señaló, nos facultan la Constitución y nuestra condición de país independiente y soberano. El senador añadió que «nuestro deber como representantes populares es advertir al gobierno sobre los enormes riesgos que implica una actitud indolente o negativa frente a la demanda de los trabajadores del agro para la seguridad alimentaria y la estabilidad del sistema político del país». Este dirigente señaló que el modelo aplicado en los últimos quince años, en el marco del TLC «ha significado la quiebra de ramas enteras de la producción nacional, como en los casos del arroz, el sorgo y el frijol: un déficit en la balanza comercial agropecuaria que en 2006 superó los dos mil millones de dólares, y que ha sido significativamente deficitaria a partir de 1994″.

Entre 1984 y 1994 México había duplicado las exportaciones de productos alimentarios, mientras que las importaciones aumentaron sólo un 28%. Muy distinta fue la situación entre 1994 y 2008: las exportaciones en este período sólo aumentaron 50%, mientras que las importaciones aumentaron 176%. Estos datos surgen de un documento elaborado por la Comisión de Agricultura y Ganadería de la Cámara de Diputados, integrada por representantes de todos los partidos políticos. Este documento señala que las consecuencias del TLC de América del Norte en estos catorce años de vigencia han sido «catastróficas» para la población rural: el número de productores se redujo en una tercera parte y el de trabajadores del sector disminuyó a la mitad.

Sin embargo, el secretario de Agricultura, Alberto Cárdenas, afirmó que hay pocas posibilidades de lograr la renegociación del TLC ante la contundente negativa de Estados Unidos y de Canadá de abrir la posibilidad de cualquier cambio en la letra del acuerdo. Sólo nos queda ser más productivos: «sacarle más toneladas a cada hectárea, sacarle más leche a cada vaca, sacarle más carne a cada animal, implementar tecnologías nuevas y capacitación», señaló. Recordó que la renegociación ya se había intentado en 2004 bajo la presidencia de Fox y que Bush se había manifestado totalmente negativo a la reapertura de ninguna discusión. Pero la situación es dura, reconoció, y algunos sectores se «pueden ir a pique». Así se establecerían algunas «oficinas de salvaguarda» para la defensa de algún sector que esté en riesgo por la desgravación de productos como el maíz, el frijol, la leche y el azúcar.

Los resultados del TLC en México muestran que existe una cierta ingenuidad (también presente en Uruguay) de pensar que los acuerdos con los «grandes» resultan en beneficios para los pequeños, especialmente por su acceso a un mercado de consumidores muy potente (como el norteamericano). En el caso de México, lo que esto muestra es la creciente dependencia alimentaria de México de Estados Unidos, y no al revés. Por otra parte, pensar, como Cárdenas, que «hay que sacarle más leche a las vacas», o sea, aumentar la productividad, es bastante ilusorio, ya que el mismo TLC ha operado como un desincentivo para la inversión en el sector, que cayó 90% desde la vigencia del acuerdo.

A este frente de conflicto se suma el energético, dada la actual iniciativa del gobierno de impulsar una reforma que permita a Pemex, la poderosa empresa petrolera mexicana, asociarse con inversores privados, para la explotación de los yacimientos petrolíferos a nivel del subsuelo marino. El PRD, del ex candidato a presidente López Obrador, se opone a ello, y el PRI, el partido que ha gobernado por más años la vida democrática en México, está dividido. El PAN, el partido de gobierno, es quien está con la iniciativa. La justificación es que PEMEX no tiene la tecnología para explotar estas nuevas reservas y que el autoabastecimiento de petróleo sólo durará por los próximos doce años. Para el PRD, al igual que en algún tiempo para el FA en relación a Ancap, la asociación de Pemex con privados significa la privatización de la empresa, y se opone a ello tenazmente. López Obrador dice que hace ya más de una década que no se realizan inversiones en la empresa mexicana y que ello revela la inocultable intención de dejarla caer, para luego poder privatizarla. Hay un resguardo importante, y es un artículo de la Constitución que declara al petróleo patrimonio nacional. Así, supuestamente, debe reformarse la Constitución para habilitar a este cambio. Las iniciativas estaban siendo presentadas en el Congreso en esta semana.

Finalmente, y detrás de todo esto, un horizonte sombrío se está delineando sobre el futuro mexicano y éste trasciende la ya muy alicaída popularidad de Calderón, a un año de su asunción: es la perspectiva de un escenario recesivo en Estados Unidos. De confirmarse esta tendencia, que por ahora es una llamarada bursátil que todos los días enciende una alerta roja, México sería un gran perdedor de esta partida. Algunos reclaman que el gobierno comience ya a tomar medidas. Existen predicciones diarias sobre el impacto del enfriamiento de la economía norteamericana sobre distintas áreas de la vida productiva y financiera del país. También se sigue paso a paso la contienda presidencial en la nueva «Roma» del mundo (la expresión es de George Soros). Así, mientras se escuchan con sorpresa declaraciones de Hillary Clinton sobre el fin de los TLC y de Obama sobre la reanudación de las relaciones con Cuba, se producen vaivenes considerables en América Latina, a raíz del proceso de liberación de los rehenes, que tiene como centro a Colombia, uno de los principales aliados de Estados Unidos en la región. A nadie debe ocultársele que más allá de la discusión sobre los rehenes, hay otro juego que está atrás: el de la supremacía de los intereses estratégicos de Estados Unidos en la región, el del cambio político inevitable en ese país y el del efecto de la recesión sobre economías que se han vuelto cada vez más dependientes de él.

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