La jefa de Daniel

Todos los días me acuerdo de Flavia. De todas las mujeres que conocí en mi vida, creo que Flavia es la que más representa «la condición mujer» como atributo separable y destacado de todos los demás, en la marca trascendente que significó en mi vida. Teníamos la misma edad cuando la conocí, 18 años. Hasta ese momento, la idea de mujer, que arranca con mi madre, junto con mis abuelas, sigue por mi hermana menor y se fue nutriendo de pocas niñas (asistí a un colegio para varones), luego un montón de novias en la adolescencia (todas eran novias, por posibles o por imposibles), mi idea del «ser mujer» no contenía ninguna vil referencia comparativa. Ellas no eran inferiores a los hombres, tampoco iguales, sólo diferentes. Fue Flavia la que desequilibró mi balanza, cuando llegó como «jefa» del grupo de acción del que yo formaba parte, en los tupamaros. ¡Qué impacto!. No porque fuera linda como tantas, ni inteligente como pocas, ni joven como la mayoría, ni siquiera por ser la más valiente de todos nosotros y al mismo tiempo el ser humano más dulce que pudiera imaginar. La lección imprevista, temprana e imperecedera como marca para toda la vida que me deparó conocer entonces a mi jefa «Rita», como se apodaba, es que las mujeres no son comparables a nosotros. Son superiores, y por mucho.

(*) Flavia SchillingDaniel Rodriguez

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje