Insólito. Desinterés del Estado y del Partido Nacional por objetos que pertenecieron al general Saravia

El poncho de Aparicio no cubre a sus herederos

A nadie escapará, sin dudas, el inmenso valor histórico y afectivo de tales objetos. Sin embargo, no parecen percibirlo así ni el Estado ni el Directorio del Partido Nacional, pues ni uno ni otro han demostrado el menor interés en hacerse de las pertenencias del caudillo –pagando, claro está, a sus herederos un precio justo– de modo de recuperar ese pedazo de patrimonio para el acervo cultural uruguayo.

Todo empezó durante la dictadura, cuando el general Alvarez decide expropiar el casco de la estancia El Cordobés, y a partir de entonces es una cadena de hechos que perjudicaron notoriamente a los descendientes del general.

 

Dice Saravia:

–Mi padre se vio perjudicado económicamente, el campo queda endeudado. Bajo el gobierno de Jorge Batlle nosotros intentamos hacer el remate de estas cosas que tenemos ahora a la venta. Era un remate judicial (por las deudas dejadas) con lo que pretendíamos salvar el establecimiento. Pero diez minutos antes de que empezara el remate, el gobierno resolvió por decreto que esas cosas no podían salir del país por ser patrimonio nacional. Eso nos perjudicó porque había interesados extranjeros.

 

–¿El Directorio del Partido no mostró interés en quedarse con esos objetos?

–Larrañaga salió a hacer declaraciones diciendo que las cosas estaban sobrevaluadas…una cosa que no se puede creer, ¿no? Son cosas de valor incalculable. Amorín Batlle y Mena Segarra, que estaba al frente de la Comisión de Patrimonio, salieron a decir que nosotros estábamos vendiendo cosas que no eran nuestras. Nos ensuciaron injustamente y ahuyentaron a los posibles compradores. Perdimos el campo, y nos quedaron estas cosas que hemos recuperado. Ni yo ni mis cinco hermanos estamos en buenas condiciones económicas y tampoco podemos salvaguardar ese acervo que no es repartible, de modo que el camino que nos queda es ponerlo a la venta.

 

Así las cosas, los hermanos Saravia realizaron gestiones ante la Presidencia de la República y allí se les prometió una respuesta por sí o por no, respuesta que aún no ha llegado. Asimismo enviaron una misiva al Directorio del Partido en la que solicitaban que los objetos fueran expuestos en la Casa de los Lamas para un posterior remate; a esta solicitud tampoco hubo respuesta. Comenta Saravia:

–Yo no sé qué pretenden, ¿querrán que se los regalemos? Hay que tener en cuenta que Aparicio ha enriquecido a medio Uruguay (desde el punto de vista político). Seis meses antes de las elecciones revolean el poncho, y así salen senadores, diputados… Hasta este gobierno ganó gracias a Aparicio.

 

–De modo que usted y sus hermanos han ofrecido en venta todo ese acervo al Estado y al Partido y no han tenido respuesta.

–Así es. Y si no respondieron es porque no hay interés. También lo ofrecimos a la Intendencia de Cerro Largo pero Barreiro dijo que no había rubros. Hace poco me enteré de que el gobierno compró un cuadro de Blanes en 400 mil dólares; y resulta que las cosas de Aparicio no valen nada. Ahora ya no podemos esperar más, y vamos a venderlas a quien esté dispuesto a pagar el precio que hemos fijado, un precio bastante inferior al de la tasación judicial; sé que hay interesados en Rio Grande do Sul. Allá lo quieren mucho a Aparicio, es un dios…y acá es una herramienta política para llegar al poder. Hace más de cien años que Aparicio le está dando vida a todo el mundo: el poncho de Aparicio los ha cubierto a todos menos a nosotros: somos la familia perseguida. El Partido lo usa a Aparicio en épocas electorales; pero yo me pregunto, si el Partido tuviera todos esos objetos allí, en la sala del Directorio, ¿se podrían reunir? ¿No les daría vergüenza mirarlos? Porque las ideas de Saravia no se aplican.

 

En resumen, una serie de objetos de alto valor testimonial puede terminar en manos de particulares o en el extranjero y no en una dependencia del Museo Histórico Nacional, el lugar que merecen por constituir parte de nuestro patrimonio histórico.

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