Ya se marchan los patitos
A principios de la década del 40 el director Washington Cardozo sacó una murga de cinematográfico nombre, «Lo que el viento se llevó». Fue muy popular por un couplet titulado Stalingrado que emocionaba a los vecinos y además se burlaban de los nazis y los fascistas derrotados. Por esos años hacía capote el exquisito conjunto «Shangai de mis sueños», dirigido por Antonio Pesavento. Tenían dos tenores de antología como Samuel Puchet y Ruben Rodríguez, junto al bajo Esteban Maciel.
Con la niña Aída, hijita de Pesavento, asombrando a todos tocando el violoncello, los muchachos de esa legendaria agrupación cantaban jotas y serenatas que tenían las poéticas letras del compositor Víctor Soliño. Por ese tablado esquinero que ahora esos viejos estaban viendo desmantelar también habían pasado «Los Zorros Negros». Tenían los arreglos corales del maestro Julio Demaría y la dirección de Angel Alonso, y fueron una agrupación que mixturaba los candombes, gramilleros y tamboriles junto a los fox-trox y alegronas marchitas.
Por esa década del 40 también había nacido al Carnaval «el dúo de tres» «Yo kiero dormir kon mama» del recordado Tomás Cortés.
La categoría de los Humoristas tuvo un gran cambio a partir de la agrupación «La Escuelita del Crimen», con su maestra interpretada por Ruben Urrutia y el pícaro alumno Jaime Urrutia.
En sus primeros tiempos utilizaban unos muñecos pequeños que ellos llamaban «fantoches» y tenían como libretistas a genios como el gran «Tornillo» Eduardo Gamero. Nadie olvida al querido actor Guarnerio, que trabajaba como animador de la Escuelita y siempre se mandaba algunos de sus chistes con la cara muy seria.
También al terminar el Carnaval la gente hablaba de «Los Fígaros Armónicos» pues eran un desborde de creatividad en el arte del parodismo. Estaban respaldados por el señor Roque Santucci, una leyenda de Goes y Villa Muñoz. Los Fígaros tenían por esos días la dirección del inquieto Rodolfo Pérez y un inolvidable animador de nombre Raúl Rondán, el querido Mascota. En esos días de antaño, «Los Curtidores de Hongos» salían a la calle Ansina y fue cuando Carlitos Céspedes comenzó a innovar en la vestimenta de la murga y hasta incluyó una trompeta. Los vecinos veteranos decían que los Curtidores habían nacido en el año 1913 y en el boliche se armaba bruta discusión sobre cuál era la decana de las murgas. Más nuevita era «La Milonga Nacional», de Rodríguez Vargas y Luis Bermejo. Tenía las letras de Mario Rivero, un talentoso personaje que trabajó en radioteatros y compuso muchos tangos.
La agrupación lubola «Morenada» también dejó hermosos recuerdos con gente como el maestro Pérez Prado, el sublime bailarín y coreógrafo Salvador Picó, Juan Melonio con la escobita y una deslumbrante Negra Jhonson.
Todos dirigidos por Juan Angel Silva, que salía apurado del bar de Sierra y Uruguay hasta el Medio Mundo donde lo esperaban sus muchachos. Y por ese tablado que ahora los viejos veían desarmar habían estado «Juan Cruz Tranquera y los suyos», que repartían tortas fritas gratis a la concurrencia.
Los veteranos ya se levantan del boliche y al mirar para el desarmado tablado sólo ellos ven bailar sobre los invisibles tablones al gran Pepino mientras «ya se marchan los patitos a alegrar otra barriada…». Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE
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