Historia antigua
Según Isaac Asimov, entre el Eoceno y el Oligoceno entre cincuenta y treinta millones de años antes del presente los mamíferos se hicieron muy grandes. Antes fueron muy pequeños y volvieron a serlo una vez concluido ese período.
La explicación es que otros grandes animales que dominaban las áreas terrestres fueron desapareciendo y los mamíferos, que hasta entonces, para sobrevivir, eran pequeños, fecundos, nocturnos y vivían en madrigueras, crearon sus propias condiciones de dominación. «Por consiguiente dice Asimov evolucionaron en todas direcciones, lo que se conoció como la «irradiación evolutiva», para llenar los huecos ambientales que habían quedado deshabitados».
¿Pero qué ocurrió después?
Parece que de vez en cuando puede suceder algo en la Tierra que cause unas extinciones masivas. Y aquellos grandes mamíferos conocidos por unas palabras griegas que he olvidado pero significan «verdaderas bestias» sufrieron algo así y evolucionaron a tamaños mucho más chicos.
Si uno se atreviese a cierto ácido sarcasmo, podría sugerir que ese proceso se asemeja a la metáfora de una sociedad donde, luego de un determinado proceso, se produce un golpe de Estado que, como prueba la historia, el tiempo disuelve por la valerosa y persistente acción de la ciudadanía demócrata.
En realidad, estas deshilvanadas ideas me fueron inducidas por palabras de Iván Paulós, luego de la decisión del Poder Ejecutivo de derogar el secreto militar: «Va a ocurrir un problema que la sociedad toda sufrirá. El péndulo de la historia está en un extremo, pero no siempre se mantiene en el mismo lugar».
Admito que son meros disturbios de mi imaginación, en este caso bastante ominosos, pero no puedo quitarme de la mente a los grandes mamíferos, las verdaderas bestias que se extinguieron hace tanto tiempo.
¿Se extinguieron?
Propongo, por las dudas, usar trampas como las instaladas para capturar larvas del mosquito del dengue. Más grandes, claro.
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