DISCAPACITADOS HOY: Comisión Nacional Honoraria del Discapacitado

ADIOS A UNA LUCHADORA

Serrana fue una mujer que dejaba huella en todo aquel que la conocía, una mujer que sin hacerse notar hacía evidente su presencia allí donde fuera o estuviera. Su vida fue de lucha y entrega.

Siendo presidenta de Acridu fue proclamada por el Consejo Directivo del Círculo Patriótico Artiguista del Uruguay, el 22 de octubre de 1989, «Mujer del año».

Figura infaltable en todos los actos y eventos relativos a la discapacidad y a la lucha por la equiparación de Derechos y Oportunidades. Ya no la veremos en seminarios, congresos, proclamas ni encuentros luchando por las reivindicaciones de las personas con discapacidad.

Le preocupaban las discriminaciones y diferencias de las que eran objeto las personas con discapacidad y más, como ella misma decía, de aquellas que no podían o no sabían defenderse solas.

Era sensible, inteligente, práctica y resolutiva. Casi a fines de 2007 fue nombrada presidenta de Monami, hecho que la llenó de felicidad, orgullo, satisfacción y mucha responsabilidad. Hizo planes y proyectos hasta el último día de su vida. Porque hay seres, como Serrana, que aun yéndose se quedan para perdurar en nosotros. Sus ideas permanecen en quienes trabajábamos con ella y será responsabilidad de cada uno de nosotros dar a las mismas el impulso necesario para que puedan concretarse. Fueron muchas sus batallas ganadas. Pero también es mucho lo que queda por hacer, y aunque el camino está trazado, abierto y delimitado corresponde a nosotros continuar la tarea. Su fuerza y espíritu inquebrantables serán la mejor guía que se pueda pedir.

Aunque era de una sensibilidad a flor de piel pocas veces la vi llorar, una al hablarme de la enfermedad y muerte de su madre, del sufrimiento y penas vividas, y otra al contarme la enfermedad y muerte de su sobrino y ahijado.

No sabía de entregas ni renunciamientos. Ni siquiera cuando el médico le dijo que se aproximaba el final se fue a casa a esperar pasivamente la muerte.

La muerte llegó cuando debía pero la encontró luchado, planeando y proyectando.

La oyó despedirse, recordar a quienes la rodeaban el amor que les tenía, y dejarles recomendaciones sobre las cosas que la preocupaban. No tenía miedo a morir, mujer creyente se había preparando en alma y espíritu para el último viaje. Lamentaba sí, no haber hecho más, no tener tiempo para continuar soñando…

Mi amiga, allí donde estés yo te digo que nuestros proyectos tienen la misma fuerza, que los sueños esbozados cobrarán forma y serán como acostumbrábamos a decir «cuando Dios quiera y así deba ser». El afecto mi amiga, la amistad y los sueños perduran más allá de la muerte.

Siempre estarás en mi corazón.

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