SEXO EN VERANO

Amor estival

Los antiguos griegos representaron al dios Eros (cupido para los romanos), dios del amor, como un niño ciego, sordo, caprichoso y carente de piedad hasta con su propia madre. Era el más bello entre los dioses inmortales y sus flechas fulminan con la instantaneidad de un relámpago: el inglés y el francés dan cuenta de este efecto con las metáforas «to fall in love» y «tomber amoureux» (caer enamorado).

Esta dulce caída era provocada por un agente externo, y por e-

llo en la mitología griega el amor aparece como una pasión, es decir, como una alteración del ánimo tan irracional como la ira, la envidia, la alegría, la tristeza o el odio.

Shakespeare describe el temple irracional y caprichoso del amor en «Sueño de una noche de verano», donde unos duendes mueven los hilos del amor mientras las personas duermen, provocando que al despertar se enamoren caprichosamente tan pronto de una como de otra, la bella de la bestia, el cuerdo de la absurda, la mujer apasionada del varón que la desprecia.

Los expertos dicen que en verano sube la temperatura en todos los sentidos: las personas son más adeptas a tener romances y los casos de infidelidad se disparan, la influencia de la cultura griega clásica se afianza. Se tiende a pensar en el verano como un jubileo, un tiempo en que se va a poner entre paréntesis el encuadre y las normas con las que uno se mueve durante el año. Por ello las condiciones están dadas para que la libido se exprese y, en el caso de jóvenes y adolescentes, sea de una forma más acentuada, además de tener en cuenta que los amores de verano carecen de compromisos.

Mucha gente asegura que en el verano se siente más sensual, además, la ausencia de ropa por las altas temperaturas y el mayor tiempo libre, hacen que la posibilidad de encuentros amorosos sea mayor. Pero no sólo la ausencia de ropa es lo único que sube los termómetros. También existe una razón biológica: en verano, nuestros cuerpos producen más melatonina, una hormona responsable del tono vital que nos pone de mejor humor y más predispuestos al erotismo.

Madison – larepublica.madison@gmail. com

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