Trabajo infantil: infancia robada
Miguel separa de un contenedor, metido en él, plástico y cortones. José, junto a sus padres, rellena los moldes para hacer ladrillos a lo largo de más de ocho horas interminables. Betty espera la caída del sol para recoger algunas monedas de los turistas a la salida de los restaurantes o lugares públicos; otros inhalando pegamento por las calles montevideanas.
Sus edades van de 7 a 11 años. En realidad todos deberían ir a la escuela, además de estar protegidos de la explotación y de los trabajos peligrosos. En nuestro país, si bien se registró un leve descenso en el trabajo infantil, de acuerdo a los datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), la población de edad que va desde los 5 a los 11 años, representa una excepción, con porcentajes que se duplican.
El último censo indica que hay 689.326 menores de entre 5 y 17 años, de los cuales 42.000 trabajan, y esta es la dura realidad de la pobreza que no nos puede hacer autocomplacientes. El insistir con más fuerza en aquellas políticas sociales que fomenten el estado de bienestar tanto moral como económico nos permitirá hacer realidad el sueño de derrotar la pobreza en todas sus formas.
El trabajo infantil está prohibido en casi todo el mundo, pero es, sin embargo, un fenómeno recurrente y masivo que no deja de preocupar a nuestra América Latina y el Caribe y por ende a nuestro país. Siguen trabajando algo mas de 5,7 millones de niños, lo que equivale al 5% del total, según datos de la OIT. Aunque Uruguay es reconocido en el contexto regional como uno de los países con menores índices de pobreza, también se distingue por registrar cada vez mayores índices de pobreza entre los menores de cinco años.
Los datos alarman, teniendo en cuenta que la gran mayoría de los niños que trabajan pertenecen a familias de bajos recursos, en las que los problemas estructurales, como la falta de empleo y educación, están lejos de ser atendidos a pesar de las políticas del Mides. y los programas respectivos de alfabetización. Consideramos correcto lo que se está haciendo, pero aún insuficiente.
El trabajo infantil no será eliminado hasta que desaparezca la pobreza. No podemos quedarnos en los debates ni en las meras especulaciones de cómo vencer la pobreza de acuerdo a las metas del milenio. Debe apuntarse radicalmente a la eliminación del trabajo infantil. Nuestra institución, Celade, tiende a movilizar a todos los sectores sociales en este sentido.
Sólo con actos concretos que nos acerquen a la realización de los derechos de toda la infancia de nuestro país podremos decir que logramos transformar aspiraciones en realidad para este 2008.
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