Egresados. Son 276 los alumnos montevideanos de la primera generación de "En el país de Varela, Yo sí puedo"

Capitalinos que aprendieron a leer y escribir recibieron sus diplomas

Públicos de todos los estratos sociales se emocionaron ante los discursos de los alumnos que contaron sin pudor las vivencias por las que tuvieron que atravesar. Estudiantes, maestros y familiares dijeron a coro: «En el país de Varela, yo sí puedo».

 

«Muy cómoda»

Así dijo sentirse a LA REPUBLICA Marta Rodríguez, maestra del programa en el Taller Protegido El Ceibo, ubicado en las proximidades del Jardín Botánico. Allí impartió clase a 22 alumnos que atraviesan o han pasado por un proceso psiquiátrico.

«La experiencia fue excelente, sin palabras. Los cambios se notan. Todos ellos hicieron algunos años de primaria», dijo Marta. «Lo más importante es que tienen interés en continuar estudiando», agregó.

Adolfo, de 44 años, uno de sus alumnos, dijo que no aprendió mucho, pero igual señaló que la experiencia ha sido gratificante. «No aprendí mucho. Pero cuando empecé sabía menos. Quiero seguir aprendiendo», destacó.

Distinto fue el pensamiento de Jorge, de 51 años, que hizo hasta sexto de Primaria. Contó que se había olvidado de leer y escribir pero que en cuatro meses pudo recordarlo. «Lo mejor es que ahora escribo con menos faltas de ortografía que antes», explicó.

 

Hasta el más duro

Al igual que el Taller Protegido de El Ceibo, 276 alumnos, así como los maestros y maestras que impartieron los cursos del programa fueron premiados por ANEP y el Ministerio de Desarrollo Social. A cada uno de ellos se les entregaba un diploma y un cuaderno de lecturas (ver recuadro).

Luego que uno de los alumnos leyera una carta al multitudinario público, Marta dialogó nuevamente con LA REPUBLICA. Visiblemente emocionada dijo que «hasta el más duro se quiebra». «El cariño que ellos me dieron no tiene palabra. Son como mis hijos», dijo la profesional con más de 28 años como maestra de Primaria.

 

Otros testimonios

Luego de la palabra de los principales autoridades del Mides y ANEP, los egresados hicieron uso de la palabra. Los primeros en subir al estrado fueron dos alumnos de la escuelita La Tierrita, de la zona de Nuevo París.

Ante un silencio sepulcral de los presentes, Gustavo Vera comenzó explicando, antes de leer su discurso, que tenía problemas de visión. «Tengo dificultades para ver, pero voy hacer el esfuerzo», dijo Gustavo, y el aplauso fue cerrado y muy emotivo durante unos cuantos segundos. Con mucha dificultad, pero con mucho empeño, agregó. «A través de las clases aprendimos a leer y escribir. Esto me lleva a caminar en la vida con la frente en alto. Yo sí puedo», finalizó diciendo emocionado Julio a los gritos, y el público presente le entregó de pie un enorme aplauso.

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