Animales somos todos

Las tigresas usan al macho sólo para la reproducción y luego se van, sus cópulas duran segundos. Por el contrario, los rinocerontes emplean hora y media en el acto del apareamiento y sus embestidas son de antología. Pero el ideal de cualquier hombre sería ser león. Están todo el día tendidos al sol, cuidándose la melena, y se hacen servir la comida.

En realidad, las leonas eligen al macho con una buena melena para que se le vea de lejos, una buena voz para que se le oiga de lejos y le dan de comer aparte para que no se acerque a las crías, porque las matan.

La mayor anarquía sexual se encuentra entre los chimpancés. La hembra en celo copula con toda una fila de machos que esperan pacientes su turno sin pelearse. La chimpancé se asegura así de quedar preñada.

En sus actitudes sexuales, los bonobos son los seres que se parecen más a los humanos. Tienen pinta de chimpancés pero desde el punto de vista evolutivo están más cerca del humano que del chimpancé.

Dentro de su estructura social hay parejas homosexuales, hembras o machos, y no copulan con el sexo contrario. Como las hembras cuentan con un clítoris muy fuera de su cuerpo, hacen un abrazo en forma de canasta sujetándose con las manos y columpiándose a la vez, y así culminan sus relaciones.

También hay hembras de muchas especies homosexuales y a veces crían los huevos juntas. En las gaviotas es muy frecuente. Se buscan un macho, ponen los huevos en el mismo nido y los crían entre las dos. La bisexualidad en el mundo animal es muy frecuente, sobre todo en los primates superiores. Los tamaños y formas de los órganos sexuales de los animales son muy variadas. Hay penes que tienen como ojos, otros tienen plumas, otros se dividen en dos, etc. El pene más grande es el del piojo: cincuenta veces su tamaño. En cuanto a las posturas, todos los animales que tienen columna vertebral tienen que colocarse encima de la hembra; el problema es colocar la cola para que no moleste.

El hipopótamo tiene que copular dentro del agua porque sus huesos son muy frágiles y además su peso los hundiría en la tierra.

Los orgasmos en los animales no están muy estudiados, son de difícil medición. Se partió de la idea de la respuesta orgánica: aceleración de la respiración y del ritmo cardiaco. La primera vez que se supo que un animal tenía orgasmo fue con una vaca en la universidad Politécnica de Massachusetts, en la que un grupo de estudiantes le aplicó electrodos medidores de los latidos cardiacos. Después de ese experimento se hizo en todas las especies y se comprobó que hasta los caracoles gozan a lo bobo.

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