Tiene la Palabra

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Un par de días antes que al norte de América se eligiera el presidente del planeta, al sur, hubo elecciones y hubo plebiscito en un país ignorado, un país casi secreto llamado Uruguay.

En esas elecciones ganó la izquierda por primera vez en la historia nacional, así escribía un editorial llamado Aguas de Octubre, nuestro Eduardo Galeano.

Hoy, representantes y voceros de los partidos tradicionales se rompen las vestiduras y elevan una gritería ensordecedora por todos los medios de comunicación, alarmados porque la supuesta reforma que el Frente promovería, apunta a lo inconstitucional y no tiene otro objetivo que tender a perpetuarse en el poder. Para ello apelan a la historia negra y funesta del pachecato y marcan similitudes.

Que es, o que ha sido sino perpetuarse en ese poder lo de blancos y colorados a lo largo de más de cien largos períodos. Tabaré Vázquez y su movimiento acabaron con el monopolio compartido de los dos partidos tradicionales, que venían gobernando el país, desde el origen del universo.

Yo creía que habíamos ganado los blancos, pero ganamos los colorados, se escuchaba decir, así o a la inversa, en cada elección. Por oportunismo, sí, pero también porque después de tanto cogobernar blancos y colorados se habían convertido en un partido único disfrazado de dos. Hace 30 y pico de años, brotó el Frente Amplio en estas llanuras del sur, –hermano no te vayas ha nacido una esperanza–, pero la crisis fue más veloz que esa esperanza y aceleró la hemorragia de población que ha vaciado de jóvenes el país. Al fin del sueño de la Suiza de América, empezaba la pesadilla de la pobreza y la violencia. La espiral de la violencia culminó en la dictadura militar, que convirtió a Uruguay en una vasta cámara de torturas. Dijo Tabaré antes de la elección, el que crea que al otro día si ganamos, todo cambiará, que no nos vote. Muchos de los que hoy reniegan ya lo han olvidado. Estamos en la lucha, despiadada y cruel, poniéndole el pecho a los ataques desde dentro y desde afuera, pero pronto se encenderán de nuevo los fogones. Y de cada rincón nativo emergerá la bandera de Otorgués, altiva, hermosa, para cobijar entre su tremolar a cada compatriota que siga pensando que aún vale la pena, que el futuro es, volver a lo anterior o continuar obstinados en la reforma de nuestros destinos. Tremenda responsabilidad para los frenteamplistas para quienes fueron votados y para quienes los votamos. Hay que cuidar, como la hoja que cuida el fruto, este renacimiento de la fe, esta refundación de la alegría. Y recordar cada día cuanta razón tenía don Carlos Quijano, cuando decía que los pecados contra la esperanza son los únicos que no tienen perdón ni redención. En la primera manifestación de la historia del Frente que lanzó un río de gente a las calles, alguien había gritado, entre asustado y feliz desde la multitud. ¡Apeligramos ganar! Treinta y pico de años después se dio. Llegamos al gobierno en un país roto, un país que hacía cola entre los de más atrás, un país fundido, endeudado hasta los pelos, y hoy pese a todo estamos luchando desde las profundidades de nuestras conciencias, desde las reformas que en más de cien años ni blancos ni colorados se animaron, ni tuvieron la pupila de emprender; hoy, ellos mismos, son los primeros en sabotearlas porque saben que con el transitar volverán al bolsón de la desidia y la ignorancia de un pueblo que les dio la espalda, cuando se dio cuenta de que todo era lo mismo. Por eso, les decimos hermanos frenteamplistas, no desfallecer, pues como Neruda expresa, nos podrán cortar todas las flores de nuestro jardín de ilusiones, pero eso sí, jamás detener la primavera del Frente, que no tiene fin y que solo el pueblo con su pleno raciocinio la mantendrá o no a la hora de la verdad.

JORGE PEREZ C.I. 885.911-8

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