Voceros
-Ta’bravo el lorca…
-Y…, el verano es lo que tiene.
-Sí, pero cuando viene con humedá…
-¡Ah, es más bravo!
-Por eso le digo…
Si los diálogos que ciertos voceros del gobierno se permiten con los periodistas fueran de este estilo, no habría malos entendidos, contradicciones ni esas rectificaciones siempre tan molestas, sobre todo para aquellos cuyas afirmaciones deben ser dadas vuelta como una media. Pero, claro, si no es del calor de lo que se habla…
Hay inquietud por el modo poco eficaz con que se informa los logros del gobierno. Creo que eso tiene que ver con dos aspectos: uno, la característica de tales logros, en algunos casos harto compleja y por tanto difícil de difundir; otra, la multiplicación de voceros, con la tarjetita oficial en la solapa, que discursean con sublime soltura.
Ha vuelto a pasar. Conrado Ramos, subdirector de la OPP, debió ser corregido por su superior, el director Enrique Rubio, debido a unas afirmaciones que hizo sobre aspectos de la reforma del Estado y que no se ajustarían con exactitud a los textos a estudio. Me parece que, en realidad, a Ramos lo traicionó el entusiasmo espíritu en general compartible y una interpretación un tanto acelerada de documentos que, para Rubio, son por ahora «propuestas, ideas y borradores sin ninguna definición».
Yo sólo espero que, al contrario de lo que ha ocurrido en ocasiones anteriores, nadie culpe al mensajero. Los periodistas estamos a la pesca de fuentes. Es una tarea necesaria y tiene sus bemoles. Una fuente a veces pica con cualquier carnada, de la misma manera que otras, más pícaras o con mayor experiencia, no agarran el anzuelo ni con pulpa de langostinos. Y uno tiene que lidiar con eso, al borde de la escollera.
Sería bueno que el gobierno se olvidara, al menos por un rato, de los pescadores o sea de los periodistas, más allá de para qué medio trabaja cada uno- y decidiese, con firmeza y sin derecho al pataleo, quién habla en cada caso y de qué.
Compartí tu opinión con toda la comunidad