Reforma Constitucional y Reelección

Ante su ausencia es cubierto por Constanza Moreira como homenaje a su memoria y aporte al colectivo.

Distintas versiones han circulado estos días sobre la eventualidad de impulsar una nueva reforma constitucional. Las iniciativas de reforma deben tomar en cuenta los períodos en los cuales ésta puede ser impulsada (suponiendo que la oposición no apoye la iniciativa, en cuyo caso podría ser votada en cualquier momento). Una primera alternativa es que se vote con las elecciones de 2009. Una segunda, es impulsar una Convención Nacional Constituyente, que debería elegirse el año que viene, y sesionar rápidamente a fin de tener sancionada una nueva carta constitucional para el año 2009. En cualquiera de los dos casos, el año de las elecciones nacionales coincidiría con el año en que se voten las modificaciones que se quiera introducir a la Constitución.

¿Cuáles serían los temas a ser abordados en una reforma constitucional? Aparecen al menos tres temas: el de los organismos de contralor (Tribunal de Cuentas y Corte Electoral), el del voto en el exterior (que no obtuvo los votos necesarios cuando se presentó en el Parlamento en octubre pasado), y el de la reforma del Estado, incluyendo la Ley de Descentralización.

Los dos primeros temas nos remiten directamente a la dificultad de acuerdo entre gobierno y oposición, en una dinámica que viene produciéndose desde el inicio del actual período democrático. Ante el bloqueo (de la oposición, en el caso actual) o la negativa (del gobierno, en los períodos anteriores) a la consideración de un tema sensible a una parte del sistema político, se recurre al mecanismo de democracia directa para hacer «oír» la voz del ciudadano. Ese fue usado varias veces en el pasado para derogar leyes, o introducir normas constitucionales. En el presente, estas dos propuestas estarían siendo impulsadas por el gobierno para «destrabar» el veto de los partidos de la oposición. Así, por ejemplo, es claro que aunque el Parlamento no logró aunar voluntades sobre el «voto en el exterior», por la oposición de blancos y colorados, la mayoría de la ciudadanía está a favor de esta medida. Si hubiera una consulta ciudadana en este sentido, lo más probable es que fuera respaldada por la mayoría de los votantes.

Un tercer tema está en una línea distinta a los anteriores, y es el de la reforma constitucional para impulsar una reforma del Estado. Esta iniciativa va de la mano con la idea de que debe adaptarse la carta constitucional a los nuevos marcos políticos y normativos de sociedades en cambio.

Hay un cuarto tema, que es el de la reelección presidencial, y supone la anulación del artículo 152 de la Constitución. Este tema ya había estado presente el año pasado, y resurge ahora, a partir del inicio del ciclo de definición de las candidaturas que competirán en 2009. Mientras el Partido Colorado enfrenta el desafío de repuntar la bajísima votación de 2004, y en el Partido Nacional Larrañaga continúa siendo el favorito, el Frente Amplio es hoy, como nunca en el pasado, el que tiene los mayores problemas para definir un candidato. ¿Cómo «reelegirse» como partido ­y como gobierno- un segundo período, con un candidato que no sea el actual Presidente? ¿Alguna fórmula funcionaría mejor que la actual? ¿Fórmulas alternativas no harían al FA correr el riesgo de perder la elección? Existe la asunción explícita de que el actual Presidente de la República es el mejor candidato para el FA en su conjunto, con independencia de cualquier candidato o fórmula alternativa que surja. Existe además la estrategia de «afianzar» el equipo actual de gobierno, y la idea de que esto es más probable con una reelección de Tabaré Vázquez que con cualquier fórmula alternativa. Las simpatías hacia una reelección presidencial, tienen hoy muchos adeptos.

Pero poco se habla sobre los enormes problemas que al propio FA (y al gobierno) les traería aparejado una reelección, y que superan con largueza los propios obstáculos que surgen, en principio, de la negativa del Presidente a ser reelecto. Por supuesto que la voluntad del Presidente es un elemento determinante de la estrategia reeleccionista, pero esto no es el principal obstáculo, sino el propio mecanismo que está en juego. En principio hay tres argumentos claves para cuestionar una reforma orientada a la reelección, como un mecanismo para solucionar problemas.

Un primer argumento es que la cláusula reeleccionista refuerza los liderazgos presidenciales vis à vis los partidos y retarda el proceso de renovación al interior de los mismos. El argumento de que la reelección «resuelve» el problema del liderazgo al interior del FA es falaz. No lo resuelve: lo suspende como problema. Pero el problema seguirá existiendo. Es evidente que hay muchos liderazgos en el FA hoy que podrían competir en una sucesión presidencial. También resultan evidentes las dificultades que los sectores y grupos del FA tienen para ponerse de acuerdo en una fórmula. Pero alterar las normas constitucionales porque los grupos de un partido no se ponen de acuerdo es una exageración política y jurídica. Más tarde o más temprano los distintos grupos y sectores o bien tendrán que enfrentar una elección competitiva para elegir su candidato presidencial, o bien tendrán que buscar una fórmula «de consenso».

Demás está decir que dentro de siete años, en caso de prosperar una reelección, no se estaría en mejores circunstancias que ahora para enfrentar el tema de la renovación de las candidaturas, puesto que como demuestran los casos de Brasil y Venezuela, los sistemas de reelección inmediata han tendido a consolidar liderazgos, más que a estimular la renovación.

Un segundo argumento llama la atención sobre una cierta lectura de los datos en la que se basa el argumento reeleccionista. La oposición ha denostado repetidas veces la búsqueda de la reelección del presidente Vázquez como una muestra de debilidad del actual partido de gobierno. Datos recientes, leídos con un cierto sesgo, tienden a mostrar que hoy los dos partidos juntos (el PC y el PN) tienen una intención de voto que iguala o supera la del FA. Sin embargo, un partido con 44% de intención de voto a esta altura del gobierno, en cualquier lectura o análisis más o menos serio, es el partido que más probabilidades tiene de ganar una elección. Los años venideros, además, serán auspiciosos desde el punto de vista económico y del empleo. Asimismo se hará sentir con más fuerza la virtud de algunas de las políticas sociales que se implementaron en los años anteriores. Por consiguiente, el análisis que corresponde es que éstas son las mejores condiciones, no las peores, para buscar una renovación presidencial del tipo que sea. Posiblemente, no habrá mejores condiciones para el FA de ganar, que las actuales.

Finalmente, debemos ver si la modificación del artículo 152 es parte de una iniciativa de reforma, o una propuesta a ser considerada aisladamente. Para ello es necesario clarificar qué tipo de reforma constitucional se llevará adelante (si es que se lleva alguna, además de la de la anulación de la Ley de Caducidad, ya en curso), y cuáles son las cosas a reformar. En el caso de una propuesta «separada», sólo para la reelección, presentada en 2009, los costos resultan evidentes. El FA, además de ganar la elección de 2009 deberá ganar la elección de la reforma, por mayoría absoluta. Si es en el formato de una elección conjunta con las elecciones nacionales, deberá ganar dos elecciones simultáneamente. Si es una elección por la vía constituyente deberá ganar más de dos elecciones.

En síntesis: si la reelección fuera un camino para ganar la elección, el FA deberá tener en cuenta que enfrentará más contiendas electorales que las que ha enfrentado hasta ahora, y que toda contienda electoral tiene costos, y que es más barato ganar una elección, que ganar dos o tres al mismo tiempo.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje