Carnaval. Tiene historia y la murga con su canto escribe la evolución y revolución del mismo

Carlos Soto a través del recuerdo nos traza la historia carnavalera

En una placentera charla con Carlos Soto rememoramos viejos tiempos del Carnaval abordando distintos acontecimientos, anécdotas y conjuntos que han ido cambiando y «revolucionando» esta fiesta.

Para las generaciones jóvenes el Carnaval se presenta caracterizado únicamente por lo que hoy día se aprecia. Pero es preciso aclarar que lo que se ve en el presente es el fruto de un largo proceso de modificaciones, ya que detrás de él hay historia.

A lo largo de la entrevista fuimos armando juntos un puzzle explicativo de dicha transición, vinculándolo específicamente a su amplia experiencia y conocimiento en murgas.

Comenzó narrándonos con humor la anécdota que cuenta cómo conoció la murga, por el año 1935, cuando tenía tan solo 7 años y tras correr detrás de un camión que llevaba una murga, se encontró con un extraño personaje que le dio tremendo susto.

Luego, el tiempo se encargó de vincularlo al Carnaval. Por el año 1947 tuvo su primera experiencia en La Milonga Nacional, de la que nació lo que luego se conoció como el Coro de la Aduana. Desde entonces, su participación en esta fiesta fue variada y meritoria.

Contrastando las murgas actuales con las del pasado hallamos similitudes y diferencias en términos de estructura, estética, y estilos.

En cuanto a las cuerdas, siempre se dividieron en: primos, segunda y tercia; la diferencia que señaló fue que aquellas eran arregladas de oído y no por músicos como ahora. Asaltantes con Patente es el único antecedente con un músico dirigiendo la murga en 1935.

Pese a que las murgas tenían una modalidad similar de canto, algunas se distanciaban de ese estilo marcando uno propio. Y en ese proceso de diferenciación nos señaló como ejemplo a Araca la Cana.

La duración de los espectáculos no estaba claramente definida. Nos decía: «en un tablado no estábamos menos de 45 o 50 minutos».

El maquillaje, según Soto era «un poco de blanco abajo y cuatro rayas arriba». Sobre los años 30, Saltimbanquis comenzó a innovar levemente ese rubro.

La estructura del espectáculo mantiene su base, pero claramente ha ido padeciendo alteraciones. Generalmente consistían en presentaciones habladas y seguidamente: un saludo, un cuplé, un pericón y una retirada.

La murga no siempre contó con tanta libertad para expresarse, hubo épocas en que los textos eran controlados y censurados, limitando así su planteo crítico.

Es difícil pensar en una murga cantando de espaldas al público, pero así sucedió cuando el jurado se situaba al fondo del escenario. La formación en «herradura» fue creada por «Pianito», lo cual posteriormente fue imitado por el resto. Cambios como éstos fueron marcando nuevas tendencias.

Los tablados contaban con un sólo micrófono, que a veces ni siquiera funcionaba.

A su entender, la figura del cupletero propiamente dicha, surgió en 1966, con «Canario» Luna interpretando al «Gaucho» de Don Timoteo, que declaraba ante un comisario, si bien ya había habido algún antecedente de «Lechuga» Carrieri, aunque no había causado similar impacto.

Hacia los años 50, Curtidores de Hongos comenzó a plantear otra forma de vestir. Aunque con anterioridad hubieron algunos intentos de vincular texto y vestuario.

Otro de los notorios cambios suscitados fue en la modalidad del canto. Algunos atribuyen tal acción a La Soberana. Él ve la incorporación de la guitarra en la murga como factor fundamental en dicha variación.

Con su sabiduría nos brindó un rico y claro aporte acerca de la evolución de la murga, lo cual vale destacar.

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