La politica del verano

Por Constanza Moreira Politóloga. Universidad de la República. Este espacio fue ocupado desde 1999 por los fermentales análisis de Hugo Cores.

Ante su ausencia es cubierto por Constanza Moreira como homenaje a su memoria y aporte al colectivo.

La política del verano podría definirse como un intervalo, una transición, casi un «limbo» en el que algunas cosas dan comienzo, y en el que otras llegan a su fin. Así, los anuncios de cambios (como el de gabinete) nos llegarán a principios de año. En contrapartida, diciembre estuvo lleno de balances, como los que se hicieron en el Congreso del FA, al promediar el mes.

Pero ahora, ahora mismo, estamos en un tiempo de verano. Es una apreciación muy frecuente de cualquier uruguayo pensar que el tiempo político y social del país se detiene a fin de año, y sólo recomienza después que termina el verano. Este verano puede tener una duración variable, y una intensidad variable. Es la larga «siesta veraniega» de los uruguayos, que se aplica también a la política. Durante el verano «no pasa nada», suelen decirnos, y en buena medida esto tiene que ver con la forma en que se desactivan algunas de las instituciones centrales a la política uruguaya, como el Parlamento, y otras instituciones centrales a la sociedad uruguaya, como las de enseñanza. Además, también los presidentes y los que desempeñan cargos en el Ejecutivo, suelen tomarse vacaciones, y las precisan como cualquier humano.

Sin embargo, vale la pena mirar lo que pasa, mientras pensamos que no pasa nada. Y los veranos también producen sus novedades políticas.

En lo que va del año que comenzó, y en lo que va de enero, algunas novedades ya se están produciendo. Para empezar, y ya sobre el final del año, comenzó la reforma de salud. El ingreso más que masivo de jóvenes al nuevo sistema y una entrada significativa de ingresos y de personas al sistema mutual, generarán impactos importantes, en especial sobre la cobertura del sistema, y claro está, sobre el financiamiento del sistema mutual. Los aportes que se descontarán, de trabajadores y jubilados, también comenzarán a sentirse después del verano.

También está en marcha la reforma del Estado y un documento titulado «la transformación democrática del Estado» se comenzará a discutir en la Agrupación Nacional de Gobierno en estos días. El documento contiene el proyecto de ley sobre la elección de autoridades a nivel municipal y contiene líneas tanto en la materia atinente a la llamada «modernización del Estado» como a la de participación ciudadana.

También los «vientos reeleccionistas» están soplando este verano, con pronunciamientos de distinto tenor y envergadura, y claro está, con una intensa cobertura de ello por los medios. Es evidente que de querer plasmarse cualquier proyecto reeleccionista, comenzará desde ahora, porque cualquier fórmula que implique cambios constitucionales de tamaña envergadura debe tomar en cuenta los «tiempos políticos». Que además, si se trata de cambios constitucionales, tienen su propia secuencia establecida por las normas. Ya la Corte Electoral advirtió, según se lee en una página del Espectador, sobre las carencias de personal e infraestructura que tiene.

Estas carencias funcionarán para cada una de las reformas constitucionales que se plantee llevar a cabo, y cuya recolección de firmas comenzará ahora, en el caso de elegirse ese procedimiento. Así que la Corte Electoral deberá prepararse para ello, y organizarse para modernizar su gestión, como se lo ha hecho en países vecinos, y por supuesto cambiar su integración, de acuerdo al nuevo mapa político del país. En principio, sólo está en funcionamiento la campaña por la anulación de la Ley de Caducidad, que también descansa su verano, pero exigirá la definición de muchos, cuando éste termine, en especial después que el Congreso del Frente Amplio decidiera apoyarla, en diciembre pasado.

Probablemente también en el año que se inicia comiencen a delinearse estrategias de rearmado de los partidos, que ya han venido produciéndose el año pasado. La elección de los jóvenes en los partidos tradicionales es un indicio de que éstos comienzan a rearmarse para la temporada electoral, que esta vez comenzará un poco antes de lo previsto. Y también, de que el tema «juventud» parece estar entrando finalmente al ruedo político, de la misma manera que fue entrando en ruedo el tema de la mujer en la política, durante el año pasado. Es la renovación, se dice. La necesidad de renovación en los partidos.

Y, en efecto, los datos muestran que los que declaran hoy tener actividad política dentro de los partidos, son superiores entre la población de más de sesenta años que en el resto.

En una encuesta realizada en el marco del Informe de Desarrollo Humano en Uruguay 2007, sólo el 13% de los uruguayos entrevistados declara participar en actividades partidarias. La participación en la política partidaria es más alta entre los hombres (15,7%) que entre las mujeres (10,8%). También es más alta entre los de más de 60 años (15,3%) que en el resto de los grupos etarios. Entre los jóvenes de 18 a 29 años, sólo el 8,8% participa en actividades partidarias. Participan en mucho mayor medida los de mayor nivel educativo (casi uno de cada tres entrevistados con educación superior tiene actividad partidaria) que entre los de menor nivel educativo (sólo el 9,9% de los que tienen hasta primaria completa tiene vínculos con los partidos políticos).

Sin embargo esto no quiere decir que los excluidos de la vida político-partidaria no participen en la «vida pública». No lo hacen a través de los partidos, pero las tasas de participación social en Uruguay son altas, en todos los estratos etarios y socioeconómicos. Y los jóvenes y las mujeres tienen más alta participación en organizaciones comunitarias, culturales o de recreación.

La participación social es distinta y no se traduce en participación política. Según algunas teorías, la participación social es «el camino» para la participación política, y los jóvenes militantes estudiantiles de hoy serán los cuadros políticos parlamentarios de mañana. Esta proposición, bastante frecuente en los análisis políticos sobre la participación en Uruguay, funciona bien para algunos partidos (como la izquierda), pero no para todos. De hecho, no sabemos si en el futuro la política conseguirá ser atractiva para la mayoría de los ciudadanos, o será una práctica restringida a pocos, aunque una vez cada cinco años nos veamos obligados a votar, y por consiguiente, a interesarnos por ella.

Debemos recordar que la política es central sólo para un reducido porcentaje de gente (de hecho, los que dicen «interesarse mucho» en política, son menos del 20% de los uruguayos) y que por eso, cuando los políticos están de vacaciones, comienza la larga siesta del verano de la política uruguaya. Sin embargo, muchas cosas comienzan a delinearse en esta «política del verano». Tendrán impacto en el futuro, y sin duda serán consecuencia de las acciones políticas realizadas en el pasado año. Sin duda éste será uno de definiciones. Hasta por el hecho de que es un año «bisagra» entre el fin del primer ciclo de gobierno y la preparación para la campaña electoral de 2009.

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