Tamo’ todos locos
No es la primera vez y pido disculpas al lector por mi imperdonable redundancia que me descoloco, y me caliento, por la velocidad y confusa forma a la que circula la supuesta información científica en tiempos de vértigo tecnológico.
Vea, mi amigo, de lo que uno se entera justo ahora, cuando se habla de calentamiento global, de temperaturas elevadísimas y de advertencias hasta en esperanto sobre los riesgos de tomar sol a determinadas horas. Según un estudio del biofísico Richard Setlow, del Brookhaven National Laboratory de Nueva York, «los beneficios de una exposición moderada al sol pueden compensar los riesgos asociados al cáncer de piel para personas con deficiencia de vitamina D, especialmente si viven en latitudes más frías».
Hasta aquí, todo bien.
Las cosas empiezan a complicarse un poco más adelante: «El estudio descubrió que los niveles de esa vitamina, calculados en base a la exposición al sol, correspondían a mejores tasas de supervivencia para víctimas de cáncer. Se descubrió que las personas en las latitudes del Norte producen significativamente menos vitamina D que aquellas que están cerca del Ecuador».
Y entonces, lector, cuando usted comienza a emitir señales de desconcierto, llega, sin anestesia, el golpe de gracia a su capacidad de entendimiento: «En otras palabras, mientras las poblaciones de Australia y Nueva Zelanda tienen tasas de cáncer más altas que sus contrapartes del Reino Unido, Suecia, Noruega y Dinamarca, también sobreviven al cáncer más a menudo que sus pares europeos».
Pero… ¡¿en qué quedamos, carajo?! ¡¿Qué mierda es lo que conviene más, si al bicho no hay forma de sacárselo de encima?!
Nadie, en su sano juicio, puede mover un dedo en dirección alguna siguiendo estos supuestos descubrimientos.
-Dejate de joder, loco. Mandate otra de grapa con marcela y preguntale a Ruedita, que tira las cartas.
-¡Las tira cuando está mamao, pierde una falta con veintitrés y se calienta!
-Por eso…
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