Un largo proceso. Utilizó dineros del instituto en beneficio de entidades y personas privadas

Por irregularidades, destituyeron a jefe departamental del INAU

De Almeida era, además, jefe departamental del Consejo del Niño desde el 20 de enero de 1981. Siendo soldado, hizo la carrera de maestro, ejerció en el cuartel y había sido designado por los militares para la jefatura del Instituto.

Otro momento especial para él fue la venida del general Gregorio Alvarez, encaramado al poder por la fuerza de las armas, para iniciar las obras del edificio «Donagaray».

 

Destituido

Hoy, el general está preso y el maestro fue destituido del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU) como culminación de una larga serie de irregularidades que habían sido encubiertas, a lo largo de muchos años, por Directorios y Departamentos Jurídicos. Algunas impunidades se están terminando.

El expediente, con miles de folios, puede resumirse con la resolución final que el Directorio toma en la sesión del pasado 26 de diciembre en relación al Sumario Administrativo dispuesto el 4 de agosto de 2006:

«Destitúyase al Sr. Maestro Joaquín De Almeida por la causal omisión a las funciones inherentes a su cargo, en mérito a que las irregularidades cometidas y constatadas son de su directa y absoluta responsabilidad, y no resultan propias de un funcionario de la jerarquía como la que él ostenta en el Instituto».

La resolución lleva fecha 3 de enero de 2008 y refiere al Exp. 2999/01.

 

Irregularidades

En San José, con fondos municipales, se creó la ONG Paidia, que, dirigida por De Almeida, comenzó a desarrollar varios proyectos sociales. Estos eran un CAIF (Sol y Luna), Senderos, donde se aborda la violencia familiar, y Cecale, un sitio en que se imparten cursos sobre oficios para los chicos que no asisten a la UTU.

De Almeida llevaba adelante estos proyectos cometiendo irregularidades, según se comprobó. La instructora sumariante considera que «el ex jefe departamental de San José incurrió en faltas administrativas graves de los proyectos Senderos y Cecale, y gestión de los mismos, sobre todo lo vinculado a la contratación de personal y fijación de salarios».

Con más detalle: hubo transferencia de recursos materiales. Cecale estuvo subvencionado por la Jefatura Departamental, generando erogaciones a cargo del Instituto. Funcionarios de éste realizaban parte de sus tareas y de su horario en el Cecale. Todo lo que era dinero lo manejaba De Almeida.

Por otra parte, jóvenes que integraban un proyecto de atención a menores de edad en situación de calle, Pronasica, recibían becas y se capacitaban en Cecale, a cambio de trabajar varias horas diarias en proyectos particulares y entidades privadas. Por ejemplo, construyeron una casita en un predio particular. Todo lo pagó el INAU. El nuevo local del CAIF «La Placita» también fue construido por adolescentes que participaban del proyecto de capacitación de Paidia.

Pero llamativamente, «se entiende que no hubo dolo por parte del Sr. De Almeida». La sumariante fundamenta que «puede entenderse que la transferencia de víveres, especialmente carne, si bien fue improcedente fue aprovechada en beneficio de los jóvenes atendidos por el organismo». El personal del Cecale se constituía en el Hogar Femenino para retirar de él carne.

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