Para quedarse
Por Eleuterio Fernández Huidobro | Senador de la República
Desde el Consejo de Ministros realizado el 26 de diciembre hasta hoy (y según dicen hasta más adelante), el verano viene sofocante.
Me refiero a los temas políticos, especialmente en el Frente Amplio, que el próximo lunes realizará su primera Agrupación Parlamentaria de 2008 para estudiar la Reforma del Estado.
La izquierda llegó al gobierno para, entre otras cosas, tratar de quedarse. Hay que realizar los cambios que el país requiere y cinco años no alcanzan.
Pero quedarse implica realizar un buen gobierno, trazar un buen programa y ganar el apoyo electoral de las grandes mayorías. Verdad de Perogrullo que sin embargo no conviene olvidar.
A ello se debe agregar: tener una fuerza política unida.
Porque podemos gobernar bien y contar con el apoyo popular pero despilfarrar ese caudal con peleas internas, desinteligencias o simplemente falta de inteligencia…
Todo lo que se haga ahora debe ser pensando en ganar la batalla electoral de 2009. Los de hoy y los de mañana constituyen actos preparatorios para aquello.
Parece claro que así debe ser el mensaje: si gobernamos bien, si presentamos un proyecto bueno, queremos ganar para continuar la obra empezada y seguir adelante impulsando los cambios necesarios y las iniciativas que ajusten el país a los nuevos tiempos.
En suma: ofrecemos continuidad y pedimos el voto de la gente para no frustrar lo realizado, para no volver al pasado, para seguir avanzando hacia los objetivos que esperan.
En ese sentido me atrevo a proponer una idea:
Que para favorecer y fortalecer ese mensaje (en mi modesta opinión tan necesario) los frenteamplistas pensemos y valoremos la posibilidad de presentar en todas las listas al Senado un grupo acordado de candidatos comunes.
Esto ya se hizo para el caso de Danilo Astori en las elecciones de 1989 (fue candidato común al Senado) y se hace en nuestras elecciones internas incluyendo en todas las listas candidatos comunes (delegados de las bases y personalidades del FA ) a la Convención Nacional y a las Convenciones Departamentales.
Se trataría de un grupo de compañeras y compañeros marcadamente representativos de cada uno de los sectores políticos, de las bases, e incluso personalidades. No debe ser muy numeroso pero sí suficiente.
Los candidatos a la Presidencia y vicepresidencia deberían encabezar todas las listas y así sucesivamente.
La señal sería nítida: unidad frenteamplista y coherencia con el mensaje de continuidad.
Porque los tiempos han cambiado mucho, ahora venimos del gobierno. Y de nuestro compromiso, hasta el tuétano, con ese gobierno en el que pusimos lo mejor de cada uno. Venimos también con los errores al hombro y los asumimos porque como siempre dice Puntigliano, la clave de la formación y el éxito es saber gestionar bien los errores que, por otra parte, son ineludibles cuando se está para trabajar y hacer algo.
Pero el saldo a favor es mucho más grande. Venimos con la experiencia de gobernar y un duro aprendizaje recién adquiridos. Con un oneroso «derecho de piso» pagado puntualmente. Le vamos a pedir a nuestro pueblo el voto que ayer nos prestó por cinco años y comenzaremos por rendirle cuentas. Levantaremos sus banderas y las haremos Programa para el desafío renovado de otros cinco años.
Una de esas cuentas, es demostrar una fuerza política unida concretamente. Más allá de las palabras.
Sé muy bien que normalmente es incorrecto plantear asuntos en la prensa antes de hacerlo en la organización.
Pero, adviértase, que éste es muy peculiar. De otro modo no lo hubiera hecho así.
No molesta a nadie; no se puede tampoco sospechar interés oculto (ni por asomo seré candidato común salvo a la desgracia).
Hay compañeras y compañeros que, como el Monumento a la Carreta, hoy forman parte del Patrimonio Nacional. Por ende son Patrimonio Común también del Frente Amplio. Si no lo saben convendría informárselo.
Lo son junto a los que ya no están. Mientras vivan y ojalá que lo hagan mucho, pertenecen al dominio público. Mal que les pese.
Las cosas por las que han pasado, sus miles de batallas y la proeza de haber tenido que ganar muchas veces para poder ganar, conforman uno de los períodos gloriosos de nuestra Historia Nacional.
Larrañaga, salido (creo que apesadumbrado) del Gran Premio José Pedro Ramírez, acaba de afirmar que el Frente Amplio quiere perpetuarse en el poder. Olvida que en 1958, cuando su partido por fin ganó, el Colorado llevaba, por las malas y las buenas, un siglo en el gobierno. Han pasado cincuenta años más desde entonces.
En ese siglo y medio, el partido de Larrañaga gobernó durante trece años llegando por fin al incesto de votar al peor de los Batlle en 1999. Para fundir el país juntos.
Desde la salida de la dictadura a la fecha, su partido estuvo acampando con buenas achuras en el fogón, bajo el alero del rancho colorado.
Por nuestra parte, desde 1971 al 2010 (39 años) habremos gobernado durante cinco.
Ciento sesenta dividido trece da 12,306792… Un número primo. Treinta y nueve dividido cinco da 7,8…
Larrañaga anda mal en las «estadísticas». Así le va en Maroñas…
Durante ciento sesenta años el Partido Colorado habrá gobernado en Uruguay unos ciento treinta y cuatro. Y mejor ni hablar de los 34 años anteriores contados desde 1830 (por lo general entonces gobernaba en el Puerto como Prefectura comisionada por políglotas flotas exóticas).
Este país así esdrujulado sabe muy bien (en especial los blancos) quiénes se perpetuaron y con qué modales, en el gobierno y el poder. Incluso hasta sabe quiénes votaron al peor Batlle en 1999 para mejorar (corriendo en yunta acollarada), la estadística colorada. Yo no fui.
Falta muchísimo para que los frenteamplistas (o en su terrible defecto los blancos), logremos empardar ese dos de la muestra.
Compartí tu opinión con toda la comunidad