Extraterrestres
Como agnóstico, no creo en Dios… por ahora. Y me cuesta creer en esos extraterrestres que muchos dicen haber visto, con inclusión de encuentros lejanos, cercanos y hasta sexuales. Sin embargo, estoy persuadido de que hay vida inteligente más allá de la que conocemos.
Esto viene a cuenta de que en Gran Bretaña liberarán, en unos días, vasta información sobre ovnis acumulada durante más de cinco años. La expectativa es grande y la polémica también, siempre dividida entre quienes han atestiguado el avistamiento de esos aparatos triangulares, redondos, tipo media luna o parecidos a unos ravioles y tripulados por seres semejantes al Tuerto Papaterra cuando se despierta y quienes dicen que todo es pura superstición o una patraña lastimosa.
Qué curioso. La noticia me ha hecho reflexionar acerca de nuestra pequeña, modesta y no obstante compleja realidad. Y casi ojo, sólo estoy al borde he llegado a convencerme de que una visita de ovnis comandados por extraterrestres, con planes de secuestros selectivos para mejorar nuestra vida, quizá fuese provechosa.
Al primero que se podrían llevar es a Bengoa. Nos sacarían un clavo, aunque dejaran un agujero, y además adquirirían experiencia de cómo no manejar cualquier casino que quieran instalar en la galaxia a la que pertenezcan.
Pero también se podrían llevar a Sanguinetti, para que no hable de la renovación del Partido Colorado con el Peluca y Alberto Iglesias, uno a cada lado; a Lacalle, para que no le siga más el rastro a Tabaré con ese estilo de Pantera Rosa que no le sienta; a Larrañaga, a ver si logran que vocalice con un poco más de claridad o le sacan la papa de la boca; a Danilo Astori, porque deben tener el «Manual del perfecto candidato» que él anda buscando; a Gargano, porque se le deben vacaciones; y a Gorzy, porque no queda sitio sin que aparezca y sería bueno respirar un poquito.
Ah, y también al Ronco López, para que se calle, aunque sea por un rato.
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