CalenDiario

Puede haber sido este día. Quizás antes. Alguna vez podemos permitirnos esquivar la fecha pero no el mes. Esto se debe a que en «Tiempos de dictadura» de Virginia Martínez, encontramos un recuerdo a un editorial de «El Soldado», de diciembre de este año, que vale la pena incorporarlo textual, con algún comentario al pasar. Imaginemos a toda la casta militar sentada en la mesa familiar en este tiempo de fiestas y leyendo el jefe u oficial de familia su oración para que nadie fuera a perder el paso.

Así se dice: «Un concepto erróneo que felizmente se va superando es la contraposición «civil-militar». Esto tiene un vaho discriminatorio clasista que no responde a la época ni a nuestra realidad. A nivel internacional por ejemplo, los cables ­se refiere a las informaciones que llegaban por vía de las agencias internacionales de noticias­ al comentar la situación uruguaya hablan de gobierno

«cívico-militar». A nivel popular es común oír «los militares son los que ahora mandan».

Sabemos, por el contrario que ni una ni otra afirmación son exactas. El militar es un profesional capacitado para la defensa de la nación y la seguridad interna del Estado, se trate de una agresión armada dentro de fronteras o fuera de ellas, o se trate de otros tipos de agresión, como la descomposición del poder civil. Las Fuerzas Armadas protegen alternativamente al poder civil o al pueblo, según la desviación que en uno u otro campo se produzca».

La contraposición «cívico-militar» se iba felizmente superando, decía. Que alguien pensase de esa forma sería de puro clasista discriminador. ¿De qué contraposición se iba a hablar si solo estaban ellos, los militares y por debajo, en una capa inferior, los detenidos, secuestrados, torturados, asesinados, que eran ya inexistentes, ni siquiera una clase baja.

Los civiles a favor de la dictadura eran simples fantoches sobrevivientes.

Se debe precisar que en algo tenía razón ese editorial. El pueblo, que no se equivoca, sostenía que los que mandaban eran los militares, los que eran los únicos señalados por Dios para proteger a todos, un momento a unos, otro momento a otros, siempre que hubiese alguna desviación indebida. Aunque no se indica quién establecía la desviación ni la diferencia de sanciones, para unos será un «aplauso», para otros la cárcel y la vida.

Algún tanguero deberá permitir parafrasear el «¿Qué vachache? de Discepolín, cuando en su primer estrofa decía «Piantá de aquí, no vuelvas en tu vida//(…)No puedo pasarla sin comida// no oírte decir tanta pavada».

No se puede negar que el teniente general Julio César Vadora, que ejercía en este tiempo la comandancia del Ejército, nos regala una de sus siempre claras visiones del momento vivido. Pide a nuestra gente que «el pueblo debe tratar de olvidar los problemas políticos» ¿Cómo olvidar? Había demasiado para recordar.

Por ejemplo que estábamos en un régimen dictatorial disfrazado en ese momento con un presidente de la República que quería dominar la incontinencia del poder. Por otro lado, quien no tenía algún familiar o conocido que hubiera sido detenido, descalificado como ser humano «B» o «C» o que estaba penando de crueles torturas en las cárceles y cuarteles por todo el país. O que ya hubiese dejado este mundo no por voluntad propia sino por torturas, salvo los exiliados que se salvaron.

 

FELIZ DIARIO

Este 28 de diciembre es día de nacimientos limitados en nuestros datos, quizás porque inocentes van quedando cada vez menos

Registramos que en un año no conocido nació Sirio Nadruz, uno de los directores de la ANEP y Codicen en la administración anterior, la colorada.

 

LO PIENSO, LO DIGO

«¡Cayó la flor al río!// Los temblorosos círculos concéntricos// balancearon los verdes camalotes,// y entre los brazos del juncal murieron», parte bien conocida de un verso de «Tabaré», la obra de Juan Zorrilla de San Martín, nacido el 28 de diciembre de 1855.

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