La ceremonia
Ayer hablaba yo de la anticipación de los movimientos preelectorales de políticos, a la búsqueda de una mejor ubicación en el tablero de las candidaturas.
Alguien podría decir hoy que fui premonitorio. No. Sólo observé la realidad, y ciertos hechos, a los cuales no creo necesario relacionar con nombres propios, confirmaron la hipótesis.
Si bien, a mi juicio, esta ansiedad no es buena para el interés de los ciudadanos, cuyas necesidades sin resolver aún son muchas, hay un consuelo: podemos afirmar lo hizo antes Konrad Lorenz, el padre de la etología moderna que tiene un origen filogenético y viene del fondo de la historia de la evolución de las especies.
Se me ocurre, tal vez con cierta piadosa picardía, un ejemplo que ilustra muy bien la relación entre una cosa y otra.
Es la ceremonia de la hembra del pato real cuando nada con un movimiento afirmativo de la cabeza. Según Lorenz, «si se han reunido varios machos y ponen de manifiesto su estado de celo con un sacudimiento y erizando el plumaje, la hembra se desliza entre ellos con una postura del cuerpo particularmente plana, al tiempo que hace enérgicos movimientos de afirmación con la cabeza y nada en arcos muy cerrados, impulsando el despliegue nupcial de los patos reales». Desgraciadamente, Lorenz debió confesar, antes de su muerte, que, pese a sus investigaciones, no conoció ninguna fase previa de este comportamiento tan particular.
Bueno, se perdió las peculiaridades de la política uruguaya contemporánea. Al menos en sentido figurado y no sé si tanto exhibe personalidades a las que es fácil advertir en la preparación de la ceremonia de nadar en círculos estrechos entre congéneres, con el cuerpo plano y un movimiento afirmativo de cabeza. Está claro que habrá un cortejo más temprano que tarde y, al fin, el bautismo de una nueva relación. No tiene que ser nupcial, ¡por favor! No mezclemos, que alguien se puede ofender. La ceremonia sobrevive, las especies evolucionaron.
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