¡¿Qué dijo?!
«La medicina está cada vez más lejos de lo científico y más cerca del arte: el comunicarnos mano a mano con el paciente, el arte de desarrollar un vínculo con la persona que nos quiere transmitir un problema».
Según versiones de prensa, esta frase, digna de ser incorporada a alguna antología de la demasía, fue dicha por el doctor Alfredo Toledo, presidente del Sindicato Médico del Uruguay, en ocasión de la X Asamblea de la Confederación Médica Latinoamericana y del Caribe.
En más de una circunstancia parecida admitiría que soy culpable de abundamiento me he permitido pedir a gentes cuya opinión importa y llevan sobre sus hombros unas responsabilidades considerables, que piensen bien antes de hablar.
Hay tanta incontinencia verbal, hay tanta patológica necesidad de adornar los discursos, que el hombre común ha llegado a necesitar que se le hable claro, del mismo modo que necesita comer, beber, asearse, dormir, orinar o defecar. Necesita entender las palabras y su significado preciso. Necesita que lo protejan de la incomprensión.
Lo que dijo Toledo, si lo dijo, esconde, detrás de una idea básicamente compartible, un reverendo disparate.
Si la medicina se aleja de la ciencia muere, deja de ser, carece de sentido. Y ese vínculo más directo y estrecho con el paciente poco tiene que ver con el concepto de arte. ¿A santo de qué desproporcionar las licencias gramaticales? El vocablo al que debió apelar es humanismo. La práctica, enlazada a la evolución científica, del sentido humanista en la profesión.
En épocas de reformas complejas de la atención de la salud, es bueno que los médicos se interroguen acerca de lo que hacen a diario. Se han alejado tanto de las personas de carne y hueso que acortar ahora la distancia hasta aquella aproximación tan natural de los tiempos del «doctor del pueblo» les induce a hablar de arte.
Qué macana.
Bastaría que vieran a quien tienen enfrente como lo que es, un semejante necesitado de otro. *
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