FUE EL PRIMER DESTINO TURISTICO DE LAS FAMILIAS PATRICIAS MONTEVIDEANAS

Santa Lucía: una romántica nostalgia

­¿Cómo surgió Santa Lucía como destino turístico?

 

­Las familias patricias de Montevideo acostumbraban a ir a pasear a lugares con arboledas, como El Prado que creó Buschental. Este hombre fue un visionario y eligió las costas del Santa Lucía para construir un gran hotel. Envalentona a alguna gente inversora de aquella época y comienzan a construir el viejo Hotel Oriental en 1897. Los primeros pasajeros llegaron en diligencia, porque el tren llegó un año después de que se abrió el hotel.

Había muchas cosas interesantes. Acá estaba la fuente de Acuasana, agua mineral como lo que hoy es Salus. Era un agua que hacía bien a la salud, se embotellaba y se vendía. La gente venía en carruajes y estaba alrededor de la fuente, tomaba el agua, paseaba. Santa Lucía fue creando un flujo de familias ricas.

 

­Después, Santa Lucía quedó muy atada al tren.

­Una vez que llega el tren, era el paseo por excelencia. La gente venía y se quedaba temporadas enteras. Ahí es cuando surge Santa Lucía como el lugar de las grandes casas, como aquella donde veraneaba José Enrique Rodó cuando era niño.

Como todos los grandes sueños, quien sueña y busca mucho algo, termina sin ver ejecutados sus proyectos. Y Buschental muere antes de ver el hotel. Pero la obra quedó encaminada y esto se convirtió en lo que hoy sería el «Conrad» en el turismo uruguayo.

Durante años, el hotel fue teniendo una clientela creciente. La gente no iba a bañarse en el mar; sólo se iba por problemas pulmonares, por motivo de salud.

 

­El desarrollo de las playas del este es posterior.

­Es bastante posterior. Punta del Este está cumpliendo cien años; este hotel tiene 135. La ciudad va a cumplir 200 años.

 

­¿Hubo muchos cambios con los años?

­Con el tiempo, la decadencia del interior uruguayo golpeó duro en Santa Lucía. Acá, en los años 50 y 60 había siete fábricas de zapatos, era una ciudad industrial. Estaba la fábrica de avionetas, la única fábrica de resortes del país; se fabricaba de todo. De una ciudad patricia y elegante, pasó a ser una ciudad industrial, y fue perdiendo las características de ciudad de turismo. La gente fue prefiriendo los destinos de mar y playa.

Hoy, Santa Lucía es un destino alternativo, de turismo de gente de clase media. Gente que no puede acceder a otros destinos o que viene buscando recuerdos. Ese es el aspecto nostálgico. Este gran hotel con el pasar del tiempo fue disminuyendo en su tamaño.

­¿Cómo llegó el hotel a manos de tus abuelos?

­Por los años 40 mi abuelo compró el hotel a los dueños originales, porque él venía haciendo un campañón con un lugar que se llamaba Tea Garden. Ahí iban todos los empleados y ejecutivos de las firmas inglesas a tomar el té; hizo mucha plata.

Hay un lugar en el arroyo Lezica que mi abuelo hacía dragar con palas, porque las mujeres paseaban por ahí en bote y tomaban el té. Así hizo una pequeña fortuna que le permitió comprar el Hotel Oriental.

Entonces pensó que si la clientela era inglesa los tenía que llevar para allá, y le puso el nombre The Baltimore Hotel: hay uno famoso en Miami y otro en Los Angeles. Con eso logra comenzar a atraer a esa clientela inglesa, y detrás de eso a las familias patricias. Cuando el hotel se inaugura, y en los primeros años, acá para gente muy conocida, entre ellos Sarmiento, Gardel… Máximo Santos gobierna desde aquí, en verano. Instalaba torretas en las cuatro esquinas del hotel, que lo protegían. Estas paredes están impregnadas de todas estas vivencias.

 

­La gente más joven no sale a buscar nostalgias… ¿viene a buscar romanticismo, o eso no existe más?

­Lamentablemente eso se perdió. En estos últimos 40 años el Interior ha quedado diezmado, en muchos aspectos: económicos, geográficos, de estructura vial… Este es un pueblo que vivía del ferrocarril y la ruta 11… Al ferrocarril lo sacaron y la nueva ruta va a pasar lejos. Se necesita un puente, que evite que las crecientes corten el paso, pero la gente no verá Santa Lucía cuando pase.

 

­Con tu trayectoria ¿por qué viniste a reflotar un Hotel acá?

­Era de mi abuelo y de mi padre; después, él y mi madre se divorciaron y formaron dos hoteles. El Hotel Baltimore quedó en la parte original, se hace un muro y mi madre funda el Hotel Santa Lucía. Pasan los años, fallecen los dos, y ahora mi hermano está en el Baltimore, y yo en lo que denominé Hotel Oriental.

Quise recrear el espíritu de aquellos años. Hay loza inglesa, porcelana francesa, muebles antiguos, y cosas que recrean la visión de los primeros años del Hotel.

Lo reabrí después de dos años, con mucho esfuerzo, y estoy tratando de reflotarlo. Ahora lo he puesto a la venta porque considero que las cosas tienen que estar vivas. Esto, sin vida, para mí no es lo mismo.

Este año nos hemos manejado bien. Está volviendo la clientela, vienen veteranos que paraban en el hotel y quieren verlo, viene gente a comer los domingos… Pero la gente no para más acá. Antes paraban los que no querían seguir viaje a Montevideo; ahora estamos a 40 minutos.

 

­¿Y lo vendés?

­Lo vendo ahora porque para mí las cosas tienen que tener vida. Esto es para una familia que lo atienda, que viva en él. Por ejemplo, hay un piano de mi padre y ninguno de los cuatro hijos sabemos una nota. Mi padre fue autor de 69 obras; las tres primeras canciones de Julio Sosa son de él. Era muy creativo y un músico excepcional. *

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