Memorias de un canillita

"Trilles" y Borradores

A veces me desconecto del mundo, a tal extremo que ni siquiera leo el diario (compararme con el herrero que tiene cuchillo de palo sería muy cursi y elemental). La televisión ­que para mis gustos ofrece muy poco­ ocupa su lugar juntando polvo en esos días donde tampoco los informativos me inquietan. Los climas musicales son los que verdaderamente me atrapan y empiezo entonces a hurgar en mis archivos electrónicos, unas veces para releer y corregir, y otras sólo para buscar la ‘sintonía’ que me permita avanzar por trabajos a medio terminar o por otros nuevos, seguramente condenados desde su inicio a quedar por la mitad.

Así transcurre este letargo que casi siempre es nocturno, acompañado a cierta hora por el cansancio del cuerpo, hasta el umbral donde habita el viejo y esperado pícaro sueño.

Otra de las formas que utilizo para la ‘desconexión’ es el recorrido por las calles de mi Montevideo querido, haciendo escalas en cantinas donde hay mesas de pool esperando, partidos de basketball en alta tensión o ensayos murgueros de coros afinados. En todos los mostradores se pide la tiza, se discute un fallo o se tararea una Clarinada. Bulle de ‘Pájaros nocturnos’ la bacanal urbana, donde mis tímidas miserias se apoderan de mi cuerpo, pero también de mi alma.

Así viven y mueren todos mis días de vuelo fugaz, igual que la estela de aquel amor que nunca vuelve, porque hay que llegar medio temprano al hogar, para esperar el flete que todas las madrugadas me alcanza el atado de diarios con el cual debo salir pocas horas después.

Todos los días, el letargo se acomoda en el ‘trille’ y en los borradores de una ‘Gárgola de media noche’, «…donde las horas pasan, más triste que ella, igual que una mueca de vieja comparsa…» como dice Jaime. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje