¿Y entonces…?
Hay una sensación molesta que a veces se siente cuando uno pretende incursionar en temas donde han sentado sus reales los especialistas.
Hablando de ellos, por aquí abundan economistas y politólogos.
Los economistas se han hecho casi imprescindibles en un mundo como el de hoy, donde el intercambio y la administración, antes tan sencillos, han adquirido una complejidad impresionante. Siem-
pre se les verá ahí, al frente o al costado, ofreciendo su decálogo de verdades supuestamente absolutas. Suelen ser arbitrarios, intolerantes y hasta soberbios, pero aún no ha nacido el gobernante que prescinda de ellos aunque, de vez en cuando, les dé un moquete; casi siempre, como se reproducen de modo conmovedor, ganan por cansancio.
Acerca de los politólogos, a decir verdad, jamás he dejado de sospechar que son innecesarios, pero en su beneficio hay que admitir que inventaron una suerte de nicho intelectual desde el cual disparan predicciones, teorías, hipótesis o simples bolazos con una propiedad que les permite tener trabajo asegurado. Como predican usando diversos estilos, es también improbable que aparez-
ca el gobernante que deje de prestarles aunque sea cierta disimulada atención.
¿Sabe, lector? Me ha dado por pensar en esta gente a raíz de un comentario que deslizó el presidente Vázquez en Vietnam, calificando de «lección interesante» para Uruguay el hecho de que ese país comunista arrasado por una despiadada guerra que, sin embargo, le ganó a Estados Unidos haya firmado un tratado de libre comercio con su antiguo enemigo.
¿Qué quiso decir Tabaré?
Veremos. Por lo pronto, tengo para mí que entre economistas y politólogos armarán tal barboteo dialéctico que es posible que al presidente, en unos días, se le haga cuesta arriba insistir en torno a la frasecita acuñada en Hanoi.
Salvo que al expresar «lección interesante» haya aplicado el adjetivo en una de sus acepciones menos comprometidas: «producir impresión a uno una cosa». *
Compartí tu opinión con toda la comunidad