EL PARQUE ROOSEVELT VIVIO UNA NUEVA "FIESTA DE LA X"

La cultura hasta que amanezca

La Fiesta de la X volvió a ser el centro de atención de la juventud uruguaya en un fin de semana en el que la principal protagonista fue la música. «Vamos a rendirle nuestro homenaje a Roberto», dijo uno de los músicos de un cuarteto que rememoraba los mejores temas del reggae y en particular del jamaiquino Bob Marley. La escenografía cercana a la playa era la adecuada para el «rincón rastafari». Desde la carpa donde la banda reggae tocaba llegaba, apenas audible, el sonido del tango que, metros más atrás, el viento acariciaba para arrastrarlo hasta nosotros. La voz de Roberto Canessa, sobreviviente de la tragedia de los Andes en la década del setenta, describía ante la atenta mirada de no más de dos decenas de personas aquel milagro.

A las 16:00 horas, el público recién comenzaba a llegar para descubrir la innumerable cantidad de ofertas culturales.

 

Seguridad

Varios kilómetros antes de la llegada a la puerta principal de acceso a la Fiesta de la X, la Policía organizaba el tránsito. En los alrededores del predio sur del parque Roosevelt se había colocado un vallado policial en un operativo especial para la ocasión. La entrada, con sus tres etapas de revisión y su decena de accesos, permitió –por lo menos en la tarde– un rápido movimiento. Luego, con el techo de hojas de los árboles que se abrían a los caminantes, las promotoras ofrecían desde pegotines hasta papas fritas y refrescos. En el parque central, el movimiento de gente se congregaba en torno al escenario principal.

Mientras, un grupo folclórico se hacía sentir a lo lejos, mezclado con los sonidos de la charla de los sobrevivientes de los Andes, Jaime Roos se hacía esperar. Desde lo alto se escuchó «Es el amor, es el amor», cantado por casi un millar de personas que emocionadas comenzaban a aplaudir. Pero de golpe, la guitarra se detuvo y la batería quedó sonando sola. «Muchachos, no nos hagan subir si no está todo listo», pidió Roos. Luego se sentó detrás, con su guitarra, mientras un técnico trataba de solucionar la falla: el retorno del sonido. El grupo folclórico ganó el sonido del ambiente y la gente aplaudía a la espera de Roos. Luego todo fue solucionado.

 

Humedad

Los Buitres iban a tener buen público en la noche. Las camisetas con el clásico buitre en el pecho era una de las imágenes más vistas en el predio. Un muchacho, sobre las 17:30 horas, llegó a uno de los puestos de sanidad del predio. «Estoy mareado», dijo. «¿Consumiste alcohol o drogas?», le preguntó con tono maternal una de las enfermeras. «No, tan sólo es la humedad», dijo el muchacho.

Un carro de bomberos, folletos explicativos sobre el riesgo de consumir drogas y guardia particular se podían ver en todo el lugar. Pero el temor de la gente, tal vez por la tarde, era otro. Algunas miradas se elevaban al cielo. Muchos artistas agradecían a San Pedro por no provocar la lluvia.

En la tarde, durante nuestra recorrida, las gotas salpicaron algunos parlantes. «Que no llueva que yo quiero ver a los Trogloditas», afirmó Maira, una fanática de Buitres, banda que ha rendido más de una vez tributo a los españoles. Loquillo, líder de esta banda europea, había provocado el día anterior un «plantón» a los periodistas, acusando «una enfermedad», pero por la noche fue visto en algún boliche céntrico.

La lluvia seguía amenazando, y era tema central de conversación. Cinco muchachos habían sorteado los controles e ingresaron un gran nailon.

«Mi amor, te invito a que te protejas de la lluvia», decían a cada muchacha que pasaba por delante, mientras ellos se tapaban sin necesidad del agua que no caía. «Bueno, a ver si se tranquilizan», dijo un guardia, que enseguida entendió la broma, y al darse vuelta sonrió moviendo la cabeza incrédulo y cómplice.

 

Gastronomía y música

La noche iba a hacer poblar los espacios gastronómicos que en gran cantidad se ubicaban en todo el predio. Desde 60 pesos, las ofertas incluían desde chorizos y cervezas hasta las más extravagantes mezclas y sabores en los stands de bares ubicados a lo largo de todo el predio.

Así como la mezcla de sabores, también estuvo presente la diversidad cultural, tan proclamada en este evento.

El stand del INJU tuvo la idea de instalar una mesa de ping pong. Mientras Canessa hablaba de la tragedia que le tocó vivir, el sonido de la pelota en la mesa parecía unirse al del bombo del grupo folclórico. «Son unos atrevidos», dijo una señora, que después se puso a hablar por celular a los gritos.

Así es en parte la Fiesta de la X, fiesta de diversidad que pudo reunir a artistas de la talla de León Gieco y a Buitres, que permite que uno se realice allí mismo un tatuaje y que, a pesar de las mudanzas, sigue siendo uno de los eventos más esperados del año. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje