Adjetivo ignorado
Otra vez ando atacado de insomnio.
Es que siempre me ha costado hallar un adjetivo preciso para describir la forma en que hablan los militares fuera del ámbito social. Más aún, la forma en que se hablan entre ellos.
¿Autoritaria? ¿Seca? ¿Dura? ¿Cortante? ¿Aspera? ¿Gritada? ¿Vociferada? ¿Escabrosa? ¿Desapacible? ¿Violenta? ¿Rígida? ¿Rústica? ¿Despreciativa? ¿Envarada? ¿Impetuosa? ¿Rezongona? Podría seguir, porque esto ha vuelto a desvelarme y recuerdo que me obligó, hace un tiempo, a una profunda reflexión durante unas vacaciones en las islas Canarias.
Pero no vale la pena.
Creo que ese preciso adjetivo no existe en el idioma castellano. Todavía no ha sido inventado, lo cual no deja de ser una curiosidad gramatical que hasta podría alentar una ominosa sospecha.
Como otras veces y no olvide que siempre es posible que tenga razón usted, lector, creerá que estoy loco.
Pasa que muero de ganas de saber lo que pasó en Haití entre el general Gloodtdofsky y sus compañeros supongo, señor comandante, que lo seguirán siendo de la Marina. No lo que les dijo el oficial del apellido intrincado, sino cómo se los dijo. De otro modo, me quedaré con la sensación de que falta una pieza del rompecabezas.
Probablemente dada la presteza con que Defensa movió sus piezas apenas conocida la versión periodística sepamos si Gloodtdofsky acusó a los hombres de la Armada de «traicionar al Ejército» y «dejarlo solo en el tema de los derechos humanos», y si añadió una inesperada, insólita amenaza: «Pero esta vez se las vamos a cobrar».
Carezco de igual confianza, en cambio, para hallar el preciso calificativo femenino que me angustia. Sin embargo, y lo sugiero sólo para hacerme entender, si ese adjetivo fuese compuesto »aterrorizadora abusi-
va», por ejemplo se explicaría mucho: cosas del triste pasado al que aún no hemos puesto fin y cosas que parecen sobrevivirlo, causando una inevitable repulsión en nuestra sociedad.
En fin, no estoy seguro. *
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