La Universidad nueva: la que forjó Mario Cassinoni
Parece que la Universidad siempre estuvo allí. Al menos es la sensación que le da a uno cuando comienza a comprender el mundo, este país, sus instituciones, la vida. Los universitarios (estudiantes, docentes, egresados) bien saben (o deberían) que la historia de la Universidad se forjó –como toda institución– pagando el precio de las luchas, avances y retrocesos de la historia.
Es muy paradójico que casi no se enseñe a los estudiantes la historia y el funcionamiento de la Universidad, siendo que esta institución es parte de la memoria misma del país. La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación recibe a sus alumnos con un curso que reseña la historia educativa nacional, profundizando en la historia de la institución y su funcionamiento político-dirigencial.
Allí los alumnos se encuentran con el Claustro, los movimientos estudiantiles, Vaz Ferreira, Maggiolo, Cassinoni y otros.
Claro que la historia es un constante movimiento, y lo que siempre «estuvo allí» estuvo por algo que forjó que la memoria se enriquezca con sus acciones. Hoy se cumple el centenario del nacimiento del doctor Mario Cassinoni, que pasó por este mundo dejando sus ideas y acciones, escritas en las páginas de la historia de la Universidad con líneas destacadas, en el capítulo «Los Grandes Transformadores».
La Ley Orgánica y Cassinoni
El 29 de octubre se cumplirán 50 años de la promulgación de la Ley Orgánica de la Universidad de la República. Los movimientos estudiantiles de América, que a principios del siglo pasado comenzaron a soñar con una nueva Universidad, y que en el año 1918 marcaron a fuego sus libertades en el Manifiesto de Córdoba contagiaron a los estudiantes de nuestro país de una lucha interminable por forjar una Universidad sólida, autónoma y cogobernada.
Un año después de promulgada la Ley Orgánica por la que también luchó Cassinoni, éste «echaba a andar a la Universidad», tal como dicen Juan Oddone y Blanca Paris en «La Universidad Uruguaya del militarismo a la crisis». Había –sin dudas– que comenzar a poblar las universidades de las libertades conseguidas, de un gobierno donde todos iban a participar, de una autonomía que había que consolidar, manteniendo los principios de la laicidad y gratuidad que se consagraban impolutos en nuestro Estado. Citan Oddone y Paris a Crottogini, amigo personal de Mario Cassinoni: «Fue el gran rector de la Universidad moderna; rector de la Ley Orgánica, lo llamaron admirativamente los estudiantes; rector de la Universidad popular, lo llamaron las fuerzas progresistas; la Universidad de Cassinoni, dijeron despectivamente sus detractores. Pero todos coincidieron en unir indisolublemente el nombre de Cassinoni al de la Universidad».
Cassinoni asumió el rectorado en 1956 y dirigió la institución hasta 1964. Sus estudios terciarios se iniciaron en la Facultad de Medicina, donde llegó a ser decano.
A mediados de los años 50 fue electo como diputado por el Partido Socialista en el departamento de Salto, pero su misión iba a estar en el rectorado, así que renunció a su banca legislativa. Según Rodrigo Arocena, «Cassinoni fue un gran impulsor de la Ley Orgánica de 1958″. Hoy, la institución que Cassinoni supo dirigir lo recordará y homenajeará.
El Partido Socialista también realiza su homenaje a uno de sus más notables militantes. «¿Cómo puede homenajear un partido (…) a un enorme paridor de futuro como Cassinoni?», se pregunta Washington Bonilla, dirigente socialista, en un artículo del Semanario Voces del Frente del jueves pasado. En 1931 Cassinoni se afilió al partido y en 1933 integró su orden de gobierno. Donde estuvo dejó un legado imborrable. Murió el 5 de junio de 1965. Tenía 57 años; tenía la historia a sus pies. *
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