EL 99% DE LAS MUERTES MATERNAS SE REGISTRA EN LOS PAISES SUBDESARROLLADOS

Alrededor de 1.468 mujeres mueren por  día en el mundo a causa de un embarazo

La Organización Mundial de la Salud (OMS) está preocupada porque la mortalidad materna no podrá cumplir con los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que consisten en «reducir entre 1990 y 2015 la mortalidad materna en tres cuartas partes». Si bien se ha reducido la cantidad de muertes por embarazos, los registros de las organizaciones internacionales atestiguan que el declive es muy lento y no en los lugares más necesarios.

En el año 2005 fallecieron 536.000 mujeres por esta causa, una cifra no muy baja en comparación con la del año 1990, cuando murieron 576.000 embarazadas. Para llegar al objetivo de las Naciones Unidas es preciso reducir en un 5,5% la mortalidad materna desde 2005 hasta 2015. Además, el 99% de las muertes se produce en los países en desarrollo.

 

Abismos de atención

Hace dos años la cifra más elevada correspondió a las regiones en desarrollo, con una tasa de 450 muertes de madres por 100.000 nacidos vivos. La otra cara de la moneda son los países desarrollados, con 9 muertes por 100.000 nacidos vivos. Uruguay se aproxima a estos últimos, con 11 muertes por 100.000.

Otro punto que preocupa a las autoridades sanitarias es que la leve mejoría que se aprecia en las estadísticas se debe a avances en los países cuya mortalidad materna no es tan preocupante.

Sin embargo, en los países con mayores cifras de muertes los progresos son ínfimos. En Africa Subsahariana, por ejemplo, la reducción anual fue del 0,1%. En 2005 la mitad de las muertes registradas (270.000) en el mundo correspondieron a esa región del continente africano. En América Latina y el Caribe, Africa del Norte y Asia Sudoriental la reducción es mas rápida.

 

El peor escenario

Una niña de 15 años embarazada que vive en Africa tiene una posibilidad en 26 de morir si se complica su embarazo. Por el contrario, en los países desarrollados, esa posibilidad se reduce a una en 7.300. Para cambiar este nefasto pronóstico se debe dar prioridad a la mejora de la atención sanitaria de las mujeres y, por supuesto, lograr el acceso universal a los servicios de salud de toda la población, con todos los beneficios que ello ocasiona.

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