La inflación

Uruguay tiene historia de altos procesos inflacionarios en los últimos 50 años. En la última década presenta incrementos de precios minoristas o índice de precios al consumo de un dígito, salvo en el año de la crisis de 2002 y sus efectos en 2003. En los últimos tres años se registran aumentos de precios de un dígito. Ello significa un proceso inflacionario controlado que no afecta los niveles de inversión ni las posibilidades de crecimiento. En 2007 aparecen algunas preocupaciones ­muy amplificadas por los medios de comunicación­ con los leves aumentos de precios, que se mantienen en un dígito y que no son consecuencia de errores en la política económica sino que derivan de factores externos como los incrementos de los precios internacionales y el crudo invierno, que significó restricciones de ofertas de algunos rubros alimenticios.

En los primeros nueve meses del año el Indice de Precios al Consumo aumentó 8,67%, es decir, se mantiene en un dígito y en consecuencia no resultan pertinentes las dramáticas exclamaciones que, fundamentalmente, derivan de sectores de la oposición con muchas dificultades para atacar a un gobierno que alcanzó un ritmo de crecimiento del Producto Bruto Interno inédito en los últimos 50 años. Los precios internacionales de los productos de exportación juegan un papel central en las tasas de crecimiento, que han rondado entre 6% y 7% en los últimos tres años, lo que ha permitido atender relevantes demandas sociales y facilitar una opinión pública aún muy favorable a la gestión del gobierno. El aumento de precios de 8,67% no es similar en los distintos rubros que componen la canasta de consumo de la población. El alto ritmo de crecimiento puede ser un factor explicativo de modificaciones en la estructura de precios. Pero, cuando se analizan con más detalle estos aumentos de precios, no es difícil encontrar las causas centrales de los incrementos.

Si analizamos los distintos rubros de la canasta, solamente el rubro de alimentos y bebidas aumenta por encima del conjunto. Si a esto le agregamos vivienda ­que sube 8,1%­ y transporte ­que aumenta alrededor de 8%­ ya estamos explicando alrededor del 75% del aumento global de la inflación en estos primeros nueve meses. Los precios de alimentos y bebidas crecen 16% y explican más de la mitad de los aumentos del conjunto de la canasta. Dentro de este rubro las verduras, legumbres y tubérculos aumentan 119% como consecuencia del crudo invierno que azotó a nuestro país y a los países de la región. Esta restricción de oferta sólo puede resolverse con importaciones de esos bienes en el momento oportuno. De todas maneras es un aumento circunstancial, coyuntural, que en los próximos meses se revertirá; no puede generar ninguna preocupación sino más bien saber que tendremos deflación de este rubro. Dentro del conjunto de los alimentos, los precios de los lácteos aumentaron 16,3% fruto de los incrementos de los precios internacionales. La misma causa explica el aumento del precio de la carne ­que alcanzó al 13,5%­ y los panes y cereales ­que subieron 14%­. Este aumento de los precios internacionales está en el centro del elevado crecimiento económico, de la mejora del empleo y del salario real. Por lo tanto, bienvenido este aumento de precios de los productos de exportación aunque esté generando leves preocupaciones en materia de inflación. Uruguay no puede influir sobre los precios internacionales pero sí sobre los precios internos. Generalmente, ello se lograba a través de las detracciones que fueron derogadas por ley en 2004. En el caso de la vivienda, pesan los aumentos de los combustibles ­que se incrementan en 20,8%­ y los gastos comunes e impuestos municipales ­que aumentan 11,4%­. Aquí influyen nítidamente factores de costos, especialmente derivados del aumento de los precios internacionales del petróleo. En el caso del aumento de precios del transporte vuelve a influir el peso del incremento de los combustibles.

En esencia, las causas centrales del incremento de precios internos derivan del aumento de los precios internacionales del trigo, de la carne, de los lácteos y del combustible, y del duro invierno que afectó las verduras. Influyen factores externos y factores de costos. No surgen con claridad factores de demanda. Vestimenta y calzado sólo aumentan 1,1%; muebles y enseres 4,7%; esparcimientos y equipos recreativos 1%, todos ellos por debajo de la inflación global. Otros gastos de consumo registran un aumento de 7,4% y pesan los servicios profesionales con 12,3%, la enseñanza con 8,3% (casi similar a la inflación global) y los cuidados médicos que aumentan 7,1% donde pueden estar influyendo, como factores de costo, los incrementos de salarios. Precios internacionales, invierno crudo y algunos aumentos de costos podrían ser los elementos centrales que explican estos aumentos de los precios internos. No pesan los factores de demanda interna. No aparecen en el análisis desagregado del aumento de precios de la canasta de consumo. Prácticamente no hay déficit fiscal, que por lo demás se financia con endeudamiento externo. Tampoco influye el gasto público. En el primer semestre de 2007 la inversión pública cae y el consumo del gobierno asciende 4,1% mientras que el PBI aumenta 5,8%. Tampoco pesan los factores monetarios, máxime cuando el tipo de cambio nominal ha venido descendiendo. Este elemento demuestra que, para comprender las causas concretas y específicas de los procesos inflacionarios, hay que analizar en forma desagregada cómo influyen los distintos rubros. Pero siguen existiendo analistas, economistas y políticos que le siguen atribuyendo al aumento del gasto público la causa básica de la inflación. En algunos casos pesan sus dogmatismos o sus ideologías basadas en la mínima intervención del Estado. En otros casos es, simplemente, ignorancia. La inflación tiene sus causas específicas en cada país y en cada circunstancia histórica. En algunos casos pueden explicitarse factores de expectativas, de indexación, de costos, de demanda, de puja por la distribución del ingreso o derivados de expansiones monetarias. En algunos casos pueden jugar combinaciones de distintas concepciones. Pero siempre hay una especificidad que las recetas del FMI nunca tuvieron en cuenta.

Una de las preocupaciones del gobierno es que la inflación no supere el 10%. Un aumento de precios internos de 10% en una economía que está creciendo entre 6% y 7% no merece una preocupación especial. Pero se presenta el tema de la indexación a través de ajustes salariales. Los salarios privados se están ajustando semestralmente; por aquí no habría motivos de preocupación. El tema se da en los salarios públicos, cuyo reajuste significaría también aumentos en las jubilaciones. Por ello se han tomado medidas adecuadas de rebaja de costos de determinados rubros. Algunas de estas medidas tienen costos fiscales, como la rebaja del boleto, la baja del IVA para algunas carnes y la rebaja de las tarifas de los servicios públicos. A ello se agrega el incansable bregar del ministro Mujica por acordar con los empresarios para defender los ingresos de los sectores populares. Lo que no se justifica son las medidas adoptadas por el Banco Central, especialmente porque originan descensos en el tipo de cambio nominal que, a la larga, afectarán las exportaciones. Hoy, ciertos rubros están amparados en los altos precios internacionales, pero hay otros que no lo están. Especialmente si la tendencia es que los recursos naturales se exporten con el mayor valor agregado posible y con la mayor incorporación de empleo, no se justifica de ninguna manera el descenso del tipo de cambio nominal. Con el actual tipo de cambio tenemos competitividad con respecto a Brasil ­con una política cambiaria suicida­ y con Europa por la apreciación del euro; no la tenemos con Argentina ni con respecto al dólar. Vender 9 millones de dólares, como ocurrió la semana pasada por parte del Banco Central, bajando el tipo de cambio nominal para atender metas de tasa de interés como el
emento antiinflacionario, no nos parece sensato. Máxime cuando no existe ninguna evidencia de que los factores monetarios son la causa de esta suba interna de precios. El atraso cambiario no llega a los niveles ni a las características de la década del noventa, pero vamos en camino. *

(*) Senador Espacio 609/ Frente Amplio

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