Prohibido para nostalgicos

Palabra de fútbol

Empezaron los celestes su camino al Mundial. Larga será la ruta y como es habitual ahora habrá que tener la calculadora a mano porque «matemáticamente aun hay chance». Para tirar buena onda al Maestro y sus alumnos hoy hablaremos del periodismo deportivo de los años gloriosos. En las transmisiones había un patrón indiscutido llamado Carlitos Solé. Desde Sarandí, ese hombre de físico más que pequeño emocionaba hasta las lágrimas a sus escuchas, pero cuando se enojaba no había quien lo detuviera. Su comentarista de los primeros días fue el tajante Osvaldo H. Lorenzo, el popular H.L. Constituían un gran equipo y como eran tiempos en que los llamados «partidos de la reserva» tenían gran nivel, existía la obligación de transmitirlos. Entonces aparecía la voz de Sergio Messano que desde esa «reserva» iba haciendo boca y preparando a los oyentes para los heroicos relatos de Solé.

La competencia a ese notorio predominio de Carlitos estaba en varios relatores. Los principales que trataban de competir fueron Duilio De Feo, el Cheto Pelliciari y un joven llamado Heber Pinto. En la muy colorada Radio Ariel estaba De Feo y su comentarista Raúl Altoberro, que se habían hecho conocidos por sus vibrantes relatos de baloncesto. Heber Pinto, con un relato acelerado, tipo metralleta, trataba de contrarrestar el pausado estilo de sus oponentes y se ubicaba en la tradicional cabina de la conocida Radio Sport-Libertad.

Con menor audiencia también había otros meritorios relatores como Máximo Rivera en la Radio Solís y un emergente Ruben Casco en la 14. Los comentaristas dictaban cátedra de fútbol y orientaban a sus oyentes en una época en que a ninguno le gustaba que lo llamaran «serrucho». Se trataba de serios analistas que principalmente desde las ondas de La Voz del Aire y la Radio Sport-Libertad eran escuchados religiosamente en míticos boliches como El Faro de Goes. Los más respetados fueron el doctor César L. Gallardo y don Luis Víctor Semino. También aparecieron otros comentaristas que a su vez tuvieron la virtud de publicar notas en la prensa escrita. Así fueron los muy respetados Marcelino Pérez y el Cacho Vázquez, quienes lograban unir en sus personalidades el don de la palabra oral y la escritura. También figuras del Carnaval se dedicaron y muy bien a escribir sobre el arte futbolero. Ese fue el caso de Carlos Soto, el popular Doble Filo, que conciliaba en su brillante pluma la picardía de los tablados, la carpeta de la Universidad de la Calle y su tradicional conocimiento de la guinda de cuero. Fueron tiempos en que los clubes tenían sus audiciones de radio donde se trataban asuntos internos pero también los grandes temas deportivos.

El pionero de esas audiciones partidarias fue el legendario don Carlos Balsán que desde las ondas de La Sport defendía a su querido Peñarol. Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE. *

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