La República Dedocrática del rock
Motos con sobres de dormir colgando, mochilas y demás. Camiones de feria repletos de jóvenes flameando banderas de bandas nacionales y bicicletas llevadas a cuestas.
Otras personas también llegaron caminando o a dedo. Más de uno parecía resignado, tanto que ya no hacían señas para que los levantaran por la carretera. Incluso otros por el cansancio no dudaron en sentarse a preparar el mate, comer unos bizcochos y descansar las piernas. Después del kilómetro 150, esa imagen se volvió más frecuente. Y cuando faltaba poco para llegar a Durazno había que reponer energía en forma más frecuente para comenzar a «agitar» desde temprano.
Rock y mucho más
La gente comenzó a llegar al Parque de la Hispanidad desde temprano, aunque la mayoría del público lo hizo después de las seis de la tarde, cuando comenzó a tocar Snake.
La mayor concentración de personas fue hacia la noche cuando tocó Bersuit Vergarabat, Buenos Muchachos y Rey Toro.
Fuera del predio los vecinos de Durazno les daban la bienvenida a los jóvenes. Y de paso aprovechaban para vender de todo un poco. La oferta de vino era continua y se combinaba con todo, «vino y cigarrillos», «vino y panchos», «vino, chorizos y pizza».
Cuanto más cerca, más caro
La oferta era muy variada. Los precios aumentaban a medida que uno se aceraba al Parque. La lata de cerveza que en la ciudad no superaba los 15 pesos, en la entrada del predio ubicado a un costado de la Ruta 5, costaba 25 pesos. Lo mismo ocurría con la cerveza de litro, que en las afueras del recital se vendía en promedio a 55 pesos y hacia la ciudad costaba menos, apenas superaba los 30. *
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