Los investigadores midieron variables como la edad, el sexo, el tipo de ocupación laboral o si los individuos se habían divorciado o separado en los últimos meses. Además tuvieron que aportar datos sobre el apoyo mutuo, la confianza, los intereses compartidos o la reciprocidad de la relación. Luego siguieron la evolución de los paciente por 12 años para comprobar si desarrollaban algún problema de salud y, especialmente, si padecían algún evento cardiovascular.
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