MAS DE 500 PRODUCTORES SE REUNIERON PARA DISCUTIR ACERCA DE LA SITUACION DEL MEDIO RURAL

La lucha por quedarse en el campo

El Primer Encuentro Nacional de Agricultura Familiar estuvo organizado y fue financiado por el Programa Uruguay Rural (PUR) del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. Este programa trabaja con las zonas rurales más pobres del país, brindando asistencia técnica y financiera a grupos de productores.

Según decía la convocatoria del evento, éste buscaba «generar un espacio de diálogo y concertación, intercambio de ideas y aporte de propuestas sobre políticas en temas de particular interés para el sector: acceso a la tierra, financiamiento de la producción y comercialización de los productos provenientes de la producción familiar». Para discutir sobre estos temas, los productores se dividieron en subgrupos de aproximadamente 30 personas, en los que discutieron largamente problemas específicos. Por la tarde, las expusieron en plenario, incluyendo propuestas dirigidas fundamentalmente al desarrollo de políticas, pero también orientadas hacia el resto de los productores.

 

El acceso a la tierra

Las dificultades para acceder a la tierra fueron un tema que motivó una intensa discusión. Los reclamos hacia el gobierno estuvieron orientados fundamentalmente hacia el Instituto Nacional de Colonización (INC), al que solicitaron el cumplimiento de la Ley de Colonización, la concreción del pasaje de las tierras del Estado al instituto, más agilidad en los tiempos de cesiones de predios y de desalojos (en caso de incumplimiento) y priorizar el acceso a la tierra para mujeres jefas de hogar, trabajadores rurales, jóvenes y productores familiares.

También estuvo sobre la mesa el tema de la extranjerización de la tierra. Los productores reclamaron «frenarla», sugiriendo que se prohíba a los hijos de los extranjeros heredar la tierra, que se implante un sistema impositivo diferencial para los extranjeros y que éstos no puedan adquirir tierra «en una franja de hasta 50 kilómetros de la frontera».

Por otra parte, rechazaron duramente la adquisición de tierras por parte de sociedades anónimas y apoyaron la limitación de la propiedad. «Se debería limitar el número de hectáreas que puede tener una persona de acuerdo a la realidad socioproductiva de cada lugar», señalaron.

 

La tierra: un problema que  se agudiza en Tacuarembó

En diálogo con LA REPUBLICA, varios productores de Tacuarembó expresaron sus dificultades para acceder a tierras, lo cual representa una de las principales dificultades para hacer de la actividad agropecuaria una actividad rentable, sobre todo teniendo en cuenta los altos precios de los arrendamientos.

Uruguay Rodríguez tiene 52 años y es de Tacuarembó. Se define como productor de lana. «Yo no tengo campo; tengo la capitalización en un campo acá en la frontera y estoy inscripto en Colonización desde el año 80″, relató. Actualmente, Uruguay vive en el medio rural, en el campo de su patrón, con su familia, integrada por su esposa y su hijo. «La producción es a medias, en mi caso: un vellón para el dueño de campo y uno para mi familia», explicó.

Uruguay dijo que si bien aspira a que finalmente el INC le asigne una fracción, no está ansioso. «Acá hay un grave problema de los impacientes: hay muchos que en esta administración se pusieron ansiosos; exigen ahora lo que no exigían antes», dijo molesto.

Para Carlos Bueno, sin embargo, el camino es la movilización para conseguir tierras. Carlos también es de Tacuarembó, tiene 50 años y pertenece al grupo Por La Huella, integrado por siete familias, las cuales «se están movilizando para agilizar los trámites de sesiones de tierras», según dijo. El productor es aspirante a colono desde hace diez años, y si bien se dedica a la producción agropecuaria -tiene ganado a pastoreo-, también desempeña un cargo público, «porque si no da para vivir». De todas formas, Carlos dice que él y su familia tienen «la cabeza puesta en el campo», donde quieren poder radicarse definitivamente y vivir de lo que produzcan.

En Canelón Chico –departamento de Canelones– la situación es bien distinta. Artemio, de 59 años, dijo que «por suerte la mayoría de los productores tienen un pedazo de tierra y todos los jóvenes tienen trabajo». En la localidad los productores se dedican fundamentalmente a la horticultura y fruticultura, con lo que no se enriquecen, «pero da para vivir bien».

Artemio destacó el fuerte grado de asociación de la zona, donde hay grupos de productores, jóvenes y mujeres que vienen trabajando desde hace tiempo. Este trabajo ha dado varios frutos; entre ellos recibieron donaciones de maquinaria de Canadá y créditos del PUR a jóvenes. «Agruparse es bueno no sólo para conseguir cosas, sino por el sólo hecho de reunirse», dijo Artemio.

 

Dos grandes dificultades

Otro de los grandes talones de Aquiles para la producción familiar es la comercialización de sus productos. En este sentido, una traba decisiva la representan las distintas normas bromatológicas que tienen los departamentos del país. Es por ello que los productores reclamaron «la unificación de normas bromatológicas en la cantidad de productos de la producción familiar».

Muchos productores reconocieron que las dificultades también derivan de su propio desconocimiento de cómo viabilizar sus productos, por lo que reclamaron asesoramiento y asistencia técnica. Otro viejo reclamo que se reiteró en el encuentro fue el de dar prioridad en las compras del Estado a los productos derivados de la producción familiar.

En cuanto a los cambios que dependen exclusivamente de ellos mismos, los asistentes señalaron que sería bueno empezar a colectivizar los recursos suministrados por programas estatales (fundamentalmente maquinarias). También se planteó la posibilidad de «imitar» ejemplos como el de «la casa del artesano».

En lo que respecta al crédito, todos los asistentes concordaron en que el acceso se les dificulta enormemente porque «el sistema financiero no es adecuado a la producción familiar». En este sentido, reclamaron el apoyo del Estado para acceder a créditos con otras características, que tengan tasas acordes al productor familiar, beneficien a los buenos pagadores y, eventualmente, permitan el pago de créditos con producción.

Por su parte, es tarea de los productores «aprender a trabajar en equipo, organizarse y empezar a generar ahorro», manifestaron a modo de autocrítica.

 

Poco trabajo para  jóvenes y mujeres

Hasta Tacuarembó viajaron productores de todas partes del país y de todas las edades. Llamativamente, nos encontramos con mucha gente joven, entre ellos Luis Eduardo (15 años) y Nataly (19). Los hermanos viajaron desde su lugar natal, una localidad llamada Moirones (Rivera), de aproximadamente 450 habitantes, para informarse acerca de la apicultura, actividad que desarrolla su padre y en la que ellos quieren incursionar.

Los jóvenes contaron que Moirones es una zona rural donde la gente se dedica mayormente a la apicultura. Actualmente hay técnicos del PUR que están yendo a capacitarlos y su expectativa es poder vivir de eso, una vez que terminen sus estudios. Sin embargo, dijeron, «la mayoría en el pueblo no vive sólo de eso porque la plata no da para mantener a una familia». La suya está integrada por seis personas: ellos dos, sus padres y dos hermanos menores. El padre, además de trabajar con las abejas, es carpintero, y su madre se desempeña como peluquera.

Luis Eduardo todavía asiste al liceo, que queda a unos 20 kilómetros de su casa. Nataly está por el momento en la ciudad de Rivera, haciendo un curso en la UTU, pero dice que en cuanto lo termine piensa volver al campo. Ambos desean seguir viviendo en el medio rural toda su vida. «El problema es que hay poco trabajo», señalaron.

Adela (45) y Rosario (18) también provienen de una localidad pequeña, llamada Gaetán, en el departamento de Lavalleja. Gaetán se resume en 23 casas que fueron construidas hace algunos años por el Mevir (Movimiento de Erradicación de la Vivi
enda Insalubre Rural).

Allí, dijeron, los hombres se dedican a alambrar y esquilar, además de desarrollar otras actividades para los estancieros que tienen campos en el lugar. «Las mujeres no tienen más trabajo que las actividades domésticas y el cuidado de alguna huerta», señalaron. Es por ello que están intentando crear un invernáculo de hierbas secas, que ocupe a varias de las mujeres del lugar (unas diez). Según dijeron, ya consiguieron el dinero, y ahora están en vías de capacitarse, para lo cual están buscando el apoyo del PUR. *

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