Publicidad alternativa para coleccionar
Desde hace algunos años comenzó a ser moneda corriente en nuestro país anunciar productos o eventos a través de medios alternativos. Las paradas de ómnibus fueron restauradas y hoy son atractivos focos publicitarios. Los pasacalles, aunque con restricciones, también comenzaron a ser utilizados para comunicar fiestas, páginas web o la venta de rifas de los tantos grupos de viaje que existen en Uruguay.
Las tarjetas postales son, en la actualidad, un medio de comunicación muy utilizado. Esas, que antiguamente las personas esperaban con noticias de familiares que se encontraban en el extranjero, hoy anuncian otro tipo de novedades.
Ya sea en dispensadores especialmente diseñados o desplegadas sobre un mostrador, sus colores resultan muy llamativos a la mirada de las personas. A eso se suma el cuidado diseño que mantienen: colores que están de moda, formas perfectas y textos apropiados a cada producto y cliente.
Un nuevo mercado
Una de las empresas más reconocidas en la impresión y distribución de postales en nuestro país es Brocards. Alberto Broggi, uno de los fundadores, vivió un tiempo en Alemania y contó que, al volver en el año 2002 a Uruguay, decidió explotar las tarjetas postales, tendencia ya instaurada en Alemania. La aceptación fue inmediata, fundamentalmente entre los jóvenes. Sin embargo, las empresas tardaron un poco en animarse a incorporar las postales como parte de las campañas publicitarias y comenzar a imprimir grandes cantidades. «El movimiento en la impresión y distribución de postales fue creciendo lentamente y en 2006 adquirió un ritmo continuo», explicó Broggi.
Actualmente se acercan a la empresa más de dos clientes por mes que imprimen miles de tarjetas. A modo de ejemplo, en una misma semana dejaron dos veces, en un circuito reducido, 5.000 postales.
En promedio, el costo de las tarjetas es de 1,50 pesos e incluye la distribución. El diseño se cotiza aparte, aunque en la mayoría de los casos son agencias de publicidad las que se encargan de esa tarea.
Publicidad de colección
Detrás de cada postal hay un mundo. «Atrás de las postales se mueve muchisímo. ¿Viste cuando coleccionabas un álbum de figuritas? Bueno, es más o menos lo mismo», comentó el fundador de Brocards. Muchos jóvenes se dedican a la colección de las postales, e incluso han llegado a comunicarse directamente con la empresa para hacerse de los diseños que les faltan. El entrevistado contó que en muchos países de Europa, la colección de postales es «intensa» y que incluso «puede llegar a pagarse muy bien» cuando no se tiene alguna de las tarjetas difundidas. A las personas mayores también les llaman la atención los cartones coloridos. «Ellos sí utilizan las postales para informarse. Cuando ven algo que les interesa se lo quedan para conservar los datos», detalló el entrevistado.
El uso de las postales publicitarias para enviar al extranjero no es lo más común entre los clientes. Aun así, Broggi recibió una vez un llamado de la Administración Nacional de Correos. «Querían saber de dónde salían las postales Brocards», explicó. Eso le dio la pauta de que algunas personas aprovecharon las postales para mandar noticias a sus amigos o parientes en el extranjero, como ocurría antes, cuando los medios de comunicación tenían menor alcance.
Un nuevo clásico de las tarjetas postales
El Centro Cultural de España (CCE) se caracteriza por el cuidado y diseño de las postales. Exposiciones, homenajes y gran parte de las actividades que organiza la institución son promocionadas mediante este tipo de tarjetas.
Pero las postales no son la única forma de comunicar del centro. También imprimen tarjetones, que son un poco más grandes que las postales tradiciones, folletos desplegables como dípticos o trípticos y un boletín mensual donde se detallan las actividades día por día. Además, decoran la propia fachada del edificio, que es una herramienta más para comunicar.
Una de las características del CCE es que no realiza «publicidad comercial», explicó María José Larre Borges, responsable de comunicación del centro. Es por eso que la folletería tiene especial importancia para la institución. En promedio cada mes mandan a imprimir doce diseños diferentes, con cantidades variadas.
Al igual que las postales que uno encuentra en la calle, las del CCE también tienen buena salida. «La gente se lleva tarjetas aunque sea de una exposición que ya terminó», contó Larre Borges. «En general, mucha gente se guarda las tarjetas. Incluso los propios artistas plásticos las coleccionan», puntualizó. *
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