Doble o Nada
En la Radio Montecarlo, todas las noches, estaba Enrique Liste con su audición «Así es la vida». Los oyentes que llamaban por teléfono y, si tenían suerte, ganaban un frasco de Ortiga Blanca Hill, que le eliminaba las canas a todos los veteranos coquetos. Ya casi habían pasado un par de años de la hazaña de Maracaná y Uruguay vivía su condición de ser «la Suiza de América».
Las playas de Montevideo se llenaban de bellas mujeres que lucían las mallas «Copacabana» creadas por Antonio Italiano, quien con el nombre de Antonio Cerviño también dirigía una orquesta de tango para hacer bailar a los vecinos. El señor Cardelino le hacía la competencia a Splendid Radio, un comercio que en Uruguay y Ciudadela vendía receptores a sola firma. Estaba de moda escuchar a las llamadas «broadcastings» o emisoras radiales que competían para ofrecer excelentes programaciones a los escuchas. Los entretenimientos tenían su líder en «Doble o Nada», un programa de preguntas y respuestas que se trasmitía en simultáneo por la Rural, la 22 y la Imparcial. Su director fue Isidro Cristiá, y el programa recorría los barrios instalando sus micrófonos en boliches y clubes sociales donde los participantes escuchaban la clásica frase «¿Doble o Nada?».
Cuando toda la familia, rodeando la radio, se retorcía a carcajadas, no había dudas, estaban escuchando en El Espectador a los Risatómicos. Era una graciosa creación de Jorge Cazet y Antonio Ceti, acompañados por Vera y Walter Silva, para realizar una genial cabalgata humorística. Otro gran talento de esa época fue Ramiro Lacoste, que escribía libretos melodramáticos para las compañías teatrales de Blanca Burgueño y Julio Alassio, que se presentaban en la fonoplatea de la Radio Nacional. También supo brillar en esos inicios de los años 50 el señor Raúl Barbero, gran creador del «Teatro del Sábado», donde actuaban Juan Casanovas y Violeta Ortiz desde la fonoplatea de Carve.
Todas las programaciones radiales tenían sus libretistas, nada era improvisado, y así surgieron talentos como Tomás Valenzuela, Mario César, Mario Rivero y Arthur García. En esa modalidad de libretos radiofónicos aparecieron damas de talento como Silvia Guerrico, Nisha Orayer y Angélica Ferreyra, quienes supieron enriquecer con sus aportes de sensibilidad femenina.
Grandes estrellas de ese tiempo como Humberto Nassari, al igual que Walter Mancebo, supieron captar a esa pléyade de inteligentes libretistas para sus radioteatros.
El personaje más humilde y popular de aquellas calles fue tomado por el inteligente Ricardo Canto, que realizaba desde las ondas de El Espectador su tan escuchado ciclo titulado «El canillita». Aparecieron personajes de múltiples facetas captados por esa pujante radiotelefonía.
Así fue Bobby Pimentel, actor, cantor, libretista y humorista que por años trabajo en la 14. Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE.
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