La Edad Media
El conflicto de los anestesistas puso en evidencia realidades ocultas mucho más graves que el propio grave conflicto.
Según informó la prensa, la Unión Europea ha decidido incorporar veinte millones de inmigrantes en veinte años.
A razón de un millón por año, entre más de una decena de países desarrollados o en vías de serlo, no es gran cosa.
La principal razón esgrimida parece ser el envejecimiento de su población y, por ello, la crisis previsible de los sistemas de seguridad social.
Es dable imaginar que si esa es la cifra «oficial», la «no oficial» permitida por la vista gorda será el triple o el cuádruple. Más allá de eso, la inmigración será combatida.
La tendencia viene siendo la selección: inmigrantes legales de cierta calidad e inmigrantes «tolerados» de «menor calidad» para satisfacer necesidades más o menos puntuales de mano de obra poco calificada.
Alemania prioriza en su política estratégica externa (y lo ha publicado) la atracción e incorporación de «cerebros», en especial jóvenes y del llamado Tercer Mundo. En el marco de una decidida apuesta central al conocimiento y a la tecnología. Por ahí entiende Alemania que va su camino y su sello de distinción en un mundo alta y despiadadamente competitivo.
La Facultad de Medicina de la Universidad de la República ha publicado cifras de emigración médica. Tanto de «recién recibidos» como de «especialistas». Lo ha hecho debido al conflicto que venimos comentando. Y lo aporta con alarma.
Entre esa emigración calificada va un señalado número de anestesiólogos. El destino lo constituyen, obviamente, los países desarrollados, y en especial España.
Ese tipo de éxodo no es el de los pobres. Ni siquiera el de los que sin serlo llegan sin trabajo asegurado.
Por el contrario, se trata de un desarraigo hacia campos fértiles que esperan con trabajo asegurado y buenas remuneraciones.
El mercado laboral, entonces, para esas personas del mundo, es el mundo. Las peores «leyes de extranjería», hasta las más feroces, fomentan el ingreso de personas con capitales, o con contratos de trabajo o con determinadas calificaciones. En la mayoría de los casos lo subsidian generosamente. Porque en la puja internacional entre países y regiones, el mercado, el campo de batalla, también es el mundo.
Una de las mayores inmigraciones en España es la de los ricos asalariados o no, jubilados o no, de diversas nacionalidades (especialmente europeas) que deciden vivir al sol. Para ellos, obviamente, hay alfombra roja en todos los controles.
Ahora bien: en el caso de los anestesistas, que no es el único, lamentablemente, el mercado uruguayo es solamente de ellos.
Han construido (y tal vez hemos ayudado a construir por acción u omisión) un meticuloso y feroz monopolio privado.
Que no se trata, como algunos dicen, de un monopolio del saber: todo lo contrario, puede haber anestesistas mejores que ellos en otros países que no pueden ejercer acá.
Se trata de un monopolio chabacano o, para definirlo mejor: totalmente burocrático. Lejos de cualquier ciencia, técnica, arte o rama del saber, salvo la del papeleo más ramplón imaginable.
Hemos escrito largamente acerca de esta plaga burocrática que nos aqueja y dijimos que era pública y privada. Acá tenemos un caso emblemático. Paradigmático. Diríamos de Concurso en cualquier Gran Feria Mundial de la Burocracia. De cocarda.
También dijimos (y hubo algunas protestas) que en Uruguay el gobierno mandaba más o menos; en el mejor de los casos un poquito. Que el poder real está, además de donde clásicamente está, en la burocracia. Si para muestra basta un botón, ahí la tenemos.
Repito: el conflicto puede ganarse o perderse (será accidental y anecdótico); lo grave es lo que estaba oculto. Lo grave es la imagen que nos devuelve el espejo si nos queremos mirar de veras en él.
Es verdad que cualquier persona en Uruguay puede estudiar medicina. Pero es una verdad falluta: en primer lugar porque por razones que todos conocemos no todos los habitantes pueden llegar a la Universidad; pero en segundo lugar porque no todos los médicos recibidos pueden ejercer su profesión.
A pesar de que la Constitución lo manda, en la Universidad de la República (nada menos) eso no es así. No se acata. Hay subversión del orden público.
Para seguir con el tema, y comprenderlo, debemos abandonar la Constitución, el capitalismo, la Independencia Nacional, pasar de largo por el Descubrimiento de América (fecha elegida para dar comienzo al Renacimiento) e internarnos de lleno, caminando para atrás, en la Edad Media.
Resulta que una Corporación Medieval, mediante artilugios de papel (Bulas Papales, Ukases zaristas, Bandos del Conde, Encomiendas del Duque, Sentencias del Gran Mongol…) redactados por los convenientes abogados y registrados por los inefables escribanos, construyó en la mismísima Facultad de Medicina (tal vez desde tiempos de Hipócrates) una acorazada Reserva Anticipada de Mercado (vulgarmente: monopolio) por la que todo pobre médico joven recién recibidito debe pasar varios Calvarios y escalar crucificadamente muchos Gólgotas para que los Ancianos Popes anestésicos los dejen entrar, luego de complejos rituales secretos iniciatorios y años de servidumbre obligatoria, en el sacrosanto sagrario de los Elegidos por la Logia. Igualito que para ser carpintero o herrero en la Edad Media… Uno tiende a pensar que la Universidad criolla es de las más antiguas del planeta. Quién sabe si Colón no anduvo por la FEUU.
La Facultad de Medicina otorga el certificado de estudios pero también, mediante extraños procedimientos de escritorio, otorga con cupos (¡había cupos en la Universidad!) algo que en todo país medianamente ordenado y desde el Renacimiento sólo puede otorgar el Estado: la habilitación profesional. El colmo es que este último Documento lo llega a otorgar una Corporación.
Tenemos las dos cosas mezcladas ex profeso como carne para chorizo.
Eso sí: la reserva anticipada de mercado y el monopolio sin más vale para Uruguay exclusivamente. Cuando a los miembros privilegiadísimos de dicha Corporación no les conviene atender no atienden y cuando les conviene irse se van.
Bueno sería volver del todo a la Edad Media y, por ejemplo, que cada sindicato de cualquier rama tuviera el Privilegio Real (una Ley o un Decreto) del monopolio de suministro de la mano de obra: no perderían ni una huelga. Ni siquiera contra los anestesistas.
Contratarían a Posadas, Posadas y Vecino para que se encargue de todo (incluso de atender a Bonomi) y para que le vendiera una SAFI a cada sindicato y un holding al PIT-CNT. Todo ello con abono mensual y a resultado en caso de conflictos que se tercerizarían: empresas especializadas de pegatineros, manifestantes, acampantes, piqueteros, rompevidrios, quemacubiertas, huelguistas de hambre avezados traídos de la India, sin olvidar una buena agencia de publicidad, otra de encuestas, dos politólogos y tres asesores de imagen.
Al fin de cuentas eso, ni más ni menos, es lo que está pasando. ¿O no? *
(*) Senador de CAP-L/MPP/ Frente Amplio
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