PROHIBIDO PARA NOSTALGICOS

Teluria y Barmo Club

Pasada la medianoche la calle Cuareim cambiaba su fisonomía. Los noctámbulos que salían del Sorocabana o del Bar Latino comenzaban a caminar sus veredas. Es que ahí estaban dos bastiones de la vida nocturna montevideana. Casi 18 de Julio, en el repechito que culminaba en la tradicional Farmacia Rubino, había una puertita con una escalera que descendía a un gran sótano convertido en sitio de camaradería con el buen vino servido en jarras. Era Teluria, un emblema del Montevideo nocturno en los inicios de los 60. Tenía el sello de ser un baluarte del buen canto popular y de la samba. También se tocaba buena «bossa-nova» por unos artistas ignotos, delgaditos y con kilos de talento. Uno de ellos fue Eduardo Mateo que muy solitario acariciaba las cuerdas de una negra guitarra para canturrear bajito un ritmo brasileño. El fuerte de esa recordada Teluria era el folklore y desfilaban figuras que ya tenían cierto prestigio. Cuando tocaba Jorge Cafrune la puerta de Cuareim se cerraba temprano porque los habitués desbordaban su capacidad locativa. Por ese mítico sótano también cantó Mercedes Sosa cuando era apenas conocida. El elenco habitual de Teluria lo integraban talentosos artistas como Carlos Maidana, Mecha Gómez y un conjunto llamado Los Indios. Había dos guitarristas que acompañaban a las visitas habituales y algunos clientes que muy entrada la noche querían darle al canto improvisado. Esos guitarristas fueron Larriera y López que por mucho tiempo trabajaron en esa fraternal Teluria. El otro sitio donde convergían los noctámbulos de la calle Cuareim estaba casi Soriano. Era otra entrada, esta vez con un señor de gorra y uniforme que le abría la puerta a los taxis y oficiaba de serio Portero. Era la Boite Barmo Club que también en un muy decorado sótano se convirtió en punto de encuentro de solitarios e insomnes. Los poderosos imanes de Barmo Club eran unas hermosas mujeres que brindaban profesional compañía y un pequeño escenario donde había un excelente show musical. En el elenco de artistas estables que amenizaban esas noches de copas y hermosas chicas había talentos y virtuosos. Se destacaba el pianista Gerardo Spano que tocaba ritmos brasileños y melodías de películas que arrancaban aplausos en los habitués y algún marino polaco.

También tocaba un conjunto de músicos profesionales como el bajista Chango y se llamaban los Martín Brothers. A veces aparecía un jovencito de pequeño físico, el entusiasta Chiquito Sanders un buen cantante del incipiente rock and roll. Detrás de la barra nunca faltaba el gordo Gustavo que supervisaba el movimiento de esa recordada boite. Luego por los años 70 cambió su nombre y por un tiempo se llamó Karim. Bajando esas escaleras de Cuareim estaban Teluria y Barmo Club, dos baluartes de la buena música donde muchos hacían menos solitarias sus noches. Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE. *

Coordinación: ANGEL LUIS GRENE

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje