LA IMM PLANIFICA REFORMARLO A FONDO, CONVIRTIENDOLO EN UN CENTRO DE ATRACCION REGIONAL

¿Cómo será el nuevo Parque Rodó?

* El Parque Rodó es uno de los más tradicionales paseos montevideanos, con sus 42 hectáreas. Frente a la Playa Ramírez es origen de recuerdos infantiles para todas las generaciones. Los puentecitos, el lago, el castillo, los botes, los parques de diversiones, la glorieta, el panteón de la música y la gente son escenarios de cientos de historias. Hoy se plantea su renovación a pleno. ¿Qué rescatamos de lo que hoy existe? ¿Cómo queremos que sea el nuevo Parque Rodó? Nos metimos entre la gente que disfrutaba una tarde de sol para obtener sus respuestas.

Escrito por: VICTORIA ALFARO

Domingo 23 de septiembre de 2007 | 4:02
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Manuela: "Cuando era niña me tapé los ojos durante todo el trayecto".

“Me gusta sentarme cerca de Neptuno”, comentó Juan, de 20 años. Junto a su novia, habían traspasado la pequeña cerca y disfrutaban de un mate y del Día del Estudiante, sentados en el pasto, muy cerca del pequeño hilo de agua que corre en torno al monumento del dios de los mares que corona uno de los rincones del parque.

 

Entre Neptuno y Confucio

El joven es asiduo al parque desde que se mudó hace un año, a unas cinco cuadras. Le gusta ir seguido, pero piensa que debería haber más seguridad en una zona que se vuelve poco hospitalaria al caer la noche.

En ese punto coincide Juan, un abuelo jubilado que casi todos los días se sienta frente a la rambla, en los bancos de madera que están a la izquierda del monumento de Confucio, el célebre maestro y filósofo chino. La zona es privilegiada, dado que permite apreciar el azul del río y la vorágine del tránsito, que los días de semana suele ser muy pesado.

Juan está convencido de que agregarle nuevos juegos al parque sólo estropearía el panorama; a él le gusta así, pero con más seguridad. “Lo que sí creo que deberían arreglar es la fuente española, que sólo sirve para que los muchachos se droguen”, indicó el vecino.

 

Entre los peces y el tren fantasma

Cerca del lago y con el infaltable mate se encontraba Manuela, de 35 años, con su hija Sofía, de 7. Manuela contó a LA REPUBLICA sus recuerdos de infancia, cuando junto a sus primos bajaba a la playa Ramírez, en verano, y se entretenía maltratando a las aguavivas.

“También venía con mi abuelo. Vivíamos cerca; cruzaba con él y todos sus elementos de pescar hacia el club de pescadores. Mientras él discutía con sus compañeros quién había pescado el más grande, yo me imaginaba navegando en un velero”, contaba nostalgiosa Manuela.

Uno de sus recuerdos más vividos era la vez que la llevaron por primera vez al tren fantasma. Entró con su padre en un túnel oscuro y no vio nada porque se tapó los ojos todo el trayecto, ante las risas de su progenitor. Sin embargo a su hija, que ya tiene un celular, le interesa más éste que el tren fantasma, un lugar que sigue igual desde hace muchos años.

 

Una gallina de armas tomar

No hace mucho tiempo introdujeron en el lago varios patos silvestres que se pasean cómodamente por las tranquilas aguas, siempre y cuando no los molesten demasiado. Incluso en las islitas del lago hay conejos y gallinas, para el deleite de los niños que se acercan para mirarlos de cerca.

Paola, de 19 años, recuerda en una ocasión durante el otoño, cuando vino con unas amigas y se sentaron frente al lago. “Un bote rosado con una familia se acercó a la isla porque la niña quería ver los animales. De pronto una de las gallinas (¿o era un gallo?) saltó y se montó encima del volante del bote, muy enojada. Nos moríamos de risa. Al final el bicho volvió a la isla; fue muy gracioso”, recordó la joven.

 

“Terror” en el gusano loco

La otra muchacha que estaba con ella, Julia, de 20 años, dijo a LA REPUBLICA que es oriunda de Cerro Largo y que, de niña, cuando venía a Montevideo con su abuela, visitaba el parque. “Me parecía muy grande, pero de lo que más me acuerdo es de un día en que mi abuela y mi tía me hicieron subir al gusanito loco. Fue de terror: grité todo el trayecto, pensé que me iba a morir y realmente creo que me escucharon en todo el parque”, dijo entre risas la joven. “Lo bueno fue que después la pasé bárbaro en los autitos chocadores”, agregó.

Las jóvenes no tenían ni idea de que la Intendencia piensa reformar el parque y agregarle más juegos, pero les pareció que la idea “está muy buena”. Paola asegura que, aunque el lugar es muy bonito, sigue teniendo mucha mugre, además de varios “planchas” que se aprovechan, incluso cuando el parque está lleno de gente.

 

Si el reuma y el sol lo permiten

María es una jubilada de maestra que se acerca al parque cada vez que el reuma la deja, según explica. Le gusta sentarse al sol y disfrutar de sus nietos cada vez que vienen a verla. “Lo más lindo del parque, además del paisaje -me encanta el lago- son los espectáculos al aire libre. La Intendencia debería hacer más espectáculos gratis, no sólo para la gente de mi edad, sino también para los jóvenes. Justo hoy (por el viernes) hay un concierto para ellos”, relató, refiriéndose al espectáculo organizado por la FEU y Cutcsa.

La maestra aseguró que no tenía ni idea acerca de que la comuna planifica reformar el parque, pero está de acuerdo porque, según ella, debería venir más gente. Ademas, “todos los días se ven muchos turistas”. “El otro día vino un contingente de chinos o japoneses y estaban muy entusiasmados, sacándole fotos a todo lo que veían”, agregó.

La Intendencia Municipal de Montevideo (IMM) planifica convertir al parque en un centro de atracción de nivel internacional, un complejo turístico de primer nivel. El Parque Rodó tiene 42 hectáreas sobre una excelente playa y cuenta con una muy buena conexión con toda la ciudad.

Ofrece diversiones, varias ofertas gastronómicas, museos, pista de patinaje y esculturas, entre otros puntos de atracción. Comenzó a construirse en 1903. Ahora, el objetivo es dotarlo de más atracciones, juegos mecánicos y locales gastronómicos. *

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