AYER DIO INICIO LA SEPTIMA MOVIDA JOVEN DE LA IMM

Movida jornada juvenil

A pesar de que fue bastante desorganizado el desfile, la emoción, el color y la alegría fueron más importantes que la organización en sí. Minutos antes de arrancar el desfile, próximo a las 17.00 horas, las distintas agrupaciones que iban a formar parte del desfile «calentaban motores».

Roberto Caimi, responsable de la cuerda de tambores «Montevilonja», que agrupa a jóvenes de entre 13 a 30 años, nos contó que por primera vez iban a formar parte de la Movida. Esta comparsa del Cerro se autofinancia ellos mismos, confesó Caimi. «Yo tengo una comparsa de tambores en las llamadas y quise trasladar mi experiencia a estos gurises que le ponen mucho empeño y fuerza», concluyó diciendo el responsable de «Montevilonja» que agregó que los minutos antes son los momentos de mayor nerviosismo y ansiedad. Ansiedad que también tuvo Eusebio Nieto, que a pesar de que, por primera vez formaba parte de esta cuerda de tambores, cuenta con la experiencia de haber salido en las llamadas años atrás, por lo que para él es un «partido más». «El cosquilleo siempre está, pero nervios no. Participar en Movida Joven es como dar los primeros pasos, pero lo más lindo es aportar la experiencia de uno a los más pequeños que recién comienzan en esto», dijo Eusebio quien señaló que ningún auspiciante los financió.

A pesar de la juventud de Lucas, Fernando y Jonathan, también de «Montevilonja», minutos antes del desfile no estaban para nada nerviosos. La tranquilidad y la desfachatez que irradiaban parecía impropia de sus edades.

«Estoy tranquilo porque el amor por los tambores viene de familia», confesó Lucas, mientras sus otros dos amigos asentían con la cabeza.

 

Cosquilleo en la panza

Mientras preparaban sus participaciones las cientos de agrupaciones que tomaron parte del desfile, curiosos, familiares de los jóvenes artistas y vecinos de la zona se instalaron en Plaza Cagancha, punto de salida del desfile, para presenciar la buena música, el color y el notable ambiente que se respiraba ayer en la tarde-noche en el centro montevideano. «Que movida es esta?», preguntó un transeúnte a este cronista.

A otra agrupación que entrevistamos minutos antes del desfile, fue «Candombe entre amigos». El responsable de esta cuerda de tambores, Gabriel Fachola, lo primero que dijo fue que viene por la revancha del año pasado. «Este grupo de amigos», de entre 14 y 30 años, al igual que el resto de las agrupaciones, se financian a puro pulmón, a pesar de recibir el apoyo de algunos comercios del Cerro, barrio de origen de la comparsa. «Es buenísima la iniciativa de la Secretaría de la IMM en incentivar y apoyar a nuestra cultura», subrayó Fachola mientras de fondo se escuchaba el tradicional «chas chas chas… chas chas». El jefe de tambores de su agrupación, Matías Giménez, confesó, sin que lo escucharan «sus aprendices», que estaba muy nervioso. «A pesar de que tengo experiencia, el cosquilleo en la panza siempre se va a sentir, pero te lo digo en voz baja para que nadie me escuche y se pongan nerviosos», dijo riendo.

 

«Si no hay nervios, no tenemos sangre»

Las escolas de samba también dijeron presentes en el desfile. Teresa Gentile, de 45 años, dijo que «Asabranca» es una escola integrada por más de 100 personas de todas las edades de la zona de Goes, a pesar de que practican semanalmente en las canteras Parque Rodó. «Nervios no tenga para nada. Hace 8 años integro la escola. Si están un poco ansiosos los más chicos, pero para mí es un día más», dijo Teresa quien señaló que nunca pudieron llevar su música a Río de Janeiro, pero confesó que les encantaría.

Una murga joven que no pasó inadvertida por los presentes fue «Metele que son pasteles». Vestidos de cavernícolas causaron buena impresión ante el público. «Nos vestimos así porque entendemos que murgas eran las de antes», dijo Cristian de 24 años, quien señaló que solo participan para competir.

Con una sonrisa, y queriendo ocultar sus nervios, «El Facha», apodo humilde si los hay, nos contó que su cuerda de tambores («La Batea») es de Malvín, de Amazonas y Aconcagua, para ser más precisos. A pesar de tener 30 años y algunas canitas encima, nos dijo: «Si no hay nervios, no tenemos sangre», admitió Fabián quien manifestó que para financiarse vendieron cientos de rifas por Malvín. «Luego de varios años en Gossadera, me animé a trasmitir mi experiencia a los más jóvenes. Pero la verdad solo competimos, no nos morimos por ganar», dijo Fabián. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje