Tiene la Palabra
A Amondarain desde Israel
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Señor Leopoldo Amondarain (de alguna forma tengo que llamarlo): En primer término tengo que aclararle que tengo 66 años de uruguayo, y bien uruguayo, y ahora lamentablemente gracias a la política económica de nuestro ex presidente Jorge Batlle y sus inservibles ministros de Economía, todo con minúscula, ya voy a cumplir 4 años en Israel, donde vivo cerca de mis hijos, escapados del ambiente que tuvieron que soportar durante la última dictadura, esta sí debería ir con mayúscula pero me resisto a hacerlo.
Pese a pequeñas diferencias por razones de mala burocracia uruguaya, con algunas letras diferentes, soy hermano de quien le envía cartas a LA REPUBLICA con su nombre, Abraham Aliskevich. No le escribo para defenderlo, pues es más grandecito que yo 11 años, y se puede defender solo.
Escribo más bien para que Ud. sepa que lo voy a atacar a Ud. y a todo lo que Ud. representa y defiende. Ante todo, me pregunto, ya que Ud. jamás va a figurar en textos de historia, dado sus dichos y escritos, ¿Ud. es uruguayo o vasco? Porque yo leo la verdadera Historia desde mis 4 años y no precisamente la inmunda que escribió aquel «H.D.» o Hermano Damasceno, libro que intentaron meternos en el cerebro, pero ni siquiera se le puede llamar «cuento de hadas», sino «enciclopedia de la mentira», ya que hasta mentira era el nombre que hacía figurar su autor, mediocre profesorzuelo de La Sagrada Familia.
Hablemos de los vascos, pero los verdaderos, no los Amondarain. Con un gran parecido histórico a la trayectoria del pueblo hebreo, o judío, como Ud. quiera que es igual, son un pueblo milenario, con su idioma propio, su cultural propia, y su lucha también milenaria por tener su propia patria independiente de España y Francia, con las que no tienen nada que ver.
Tuvieron que formarse hoscos y guerreros, como los judíos, para luchar contra la naturaleza que Dios, o quien sea, les concedió como castigo complementario, ya que milenios lucharon y luchan por su independencia política y geográfica; igual que nosotros, los judíos.
Pero después de tanto tiempo, deberían haberse dado cuenta que no es con armas y bombas que hoy en día se lucha, sino con la palabra, la política, la diplomacia, el ejemplo.
En honor al pueblo vasco, les pido a todos los Amondarain uruguayos que por favor no se digan vascos, porque ensucian a ese gran pueblo.
También le pido que no mencione más al señor Wilson Ferreira Aldunate, excelente ejemplo de persona, pese a su error al final de su vida de decirles «sí» a los dictadorzuelos que intentaron hasta matarlo en más de una oportunidad. El hecho de llamarse «blancos», tanto los Amondarain, como los Herrera (Luis Alberto y su «nietito»), no es ningún adjetivo elogioso, ya que blancos y colorados (da igual) fueron quienes hundieron la Banda Oriental, y ahora Uruguay, desde los tiempos de la Colonia, hasta el día de hoy.
Y lo hicieron pura y exclusivamente por intereses personales y en defensa de la inmunda oligarquía llamada malamente criolla, pero que en realidad también la formaban personas de otras nacionalidades (lea bien los libros de historia y los periódicos de los siglos XIX y XX, de todos los colores).
Quienes para ustedes fueron grandes personajes, para nombrar algunos, Lavalleja y Rivera, a la cabeza de otros que figuran en el nomenclátor montevideano, lamentablemente, pero no se por cuánto tiempo, fueron quienes traicionaron al, ese sí Grande don José Gervasio Artigas.
Pese a que jamás lo quisieron enseñar en escuelas y liceos, la causa de que Artigas jamás volvió a su patria, no fue su deseo, sino prisión en Paraguay, cárcel y el famoso «solar de Artigas» después, y otras condiciones peores que le impusieron esos sujetos, en aras de la conveniencia político-económica del oligarcado sudamericano, que impuso sus intereses indignos durante prácticamente 200 años.
Pero ahora ya no saben cómo hacer para intentar volver a conquistar el «mango de la sartén» que perdieron y jamás recuperarán. Hablemos de presidentes uruguayos.
Es de costumbre mencionar como el mejor a don José Batlle y Ordóñez, pero yo no estoy de acuerdo, porque quien le ponía la lapicera en la mano para que firmara, y hasta le empujaba el codo era el también grande Domingo Arena, menos preciado o ignorado por los textos de Historia, pero cuyo cerebro eran tan de izquierda, sin hacer comparaciones, como lo fue José Gervasio Artigas, y ninguno de ellos tuvo necesidad de leer textos como El Capital de Carlos Marx, o los de Lenin, Engels, Rosa Luxemburg, Trotsky.
Me alcanza y sobra con leer el «Breviario Artiguista» escrito por un colorado, el profesor e historiador José María Traibel, por orden del entonces presidente Luis Batlle Berres, editado en 1952.
Con leerlo bien a fondo, quedan muy chiquitos todos los partidos y grupos de izquierda uruguayos, incluyendo a comunistas, socialistas, tupamaros y demás.
Y para qué hablar de los grandes nazis antisemitas latinoamericanos, algunos que se escudaron con la máscara de «nacionalistas» y otros sin máscara, como lo fueron Luis Alberto de Herrera, Juan Domingo Perón, y tantos otros. Mi hermano y yo, ambos uruguayos primero, izquierdistas después, no somos iguales; tenemos diferencias. Yo no pretendo bajo ningún concepto gobernar el Uruguay desde Israel, ya que creo que no me corresponde.
Pero sí defiendo a gente como quien creo que será para la Historia el mejor Presidente que tuvo y tiene el Uruguay, el Dr. Tabaré Vázquez, y excelentes políticos como, pese a que yo no soy ni fui tupamaro, y mi foja está muy limpita en los servicios de inteligencia policial y militar, ahora lo son el ministro José Mujica, el senador Eleuterio Fernández Huidobro, el arquitecto Mariano Arana, y muchos otros, también defiendo a otros, a quienes tuve como amigos en su momento, como al gran maestro Julio Castro (desaparecido por la dictadura), al Dr. Hugo Batalla, pese a su gran error al final de su vida de juntarse con Julio María Sanguinetti, tal vez empujado por malos sujetos como Yamandú Fau, al héroe que puso el pecho a la dictadura, el contralmirante Oscar Lebel.
Y termino diciéndole, Sr. Leopoldo Amondarain y quienes son como Ud., que hablando de gramática castellana, entre nazi y nacionalista, existe solamente una pequeña diferencia de letras, pero no de conceptos.
Me despido, no atentamente, quien siempre seguirá siendo uruguayo por más distancia geográfica que haya.
MAURICIO ALISKEVICIUS C.I. 768.570
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